Por Betzy T.
Las voces que escuchaba al fondo lo confundían más de lo que estaba, sentía dolor, aunque no debería hacerlo, era su última vida, ¿No se supone que después que mueres no sientes nada más? Con pesadez abrió los ojos, todo a su alrededor estaba obscuro, por alguna extraña razón sentía algo mullido bajo sus patas. Al intentar moverse un poco el dolor le invadió el cuerpo por completo. Trataba de recordar lo que realmente había ocurrido, pero habían pasado tantas cosas que a duras penas podía recordar quién era. Si había algo de lo que estaba seguro era, que estaba vivo.
—Tía te prometo que lo voy a cuidar y yo me asegurare de que no haga desastres en casa— La voz cercana le parecía familiar, su cuerpo le pesaba demasiado para averiguarlo.
—No, ya te dije que no quiero tener animales en casa, llévalo a un refugio Annie. —Ese nombre se le hacía conocido— Si ese animal sigue aquí para cuando vuelva en la noche yo misma lo llevaré.
El sonido de una puerta azotándose lo sobresaltó, en cuando el ruido había acabado se aventuró a salir de la suave protección que lo cubría y se sintió cegado por la luz, el lugar no le parecía conocido, pero un olor familiar lo hizo ponerse en guardia, todos los pelos de la espalda se le erizaron.
—¿Kuroneko? —al fijar la vista pudo reconocer el rostro de la chica que lo estaba observando lo que lo hizo bajar la guardia, aunque le dolía todo el cuerpo y era más fácil recuperarse en su forma gatuna necesitaba hacerle muchas preguntas.
Con una mueca de aflicción volvió a su forma hibrida, su cuerpo le dolía mas y los golpes eran más obvios al no estar cubiertos por su negro pelaje
—¿Dónde está el zorro?— No, esa no era la pregunta que más le preocupaba, pero fue la que más rápido salió de su boca, la expresión de tristeza en el rostro de Annie fue como un golpe en la cabeza reviviéndole las ultimas horas. —¿Dónde está Eliz? —dijo apremiante, esa era la pregunta que más lo estaba consumiendo, el silencio de Annie no ayudaba mucho en su tranquilidad. —¡¿Dónde está Eliz?!— gritó, todo su cuerpo temblaba sin control, sus garras escocían y no pudo evitar gruñir ante la incertidumbre.
—Eliz se marchó, ya no esta— dijo Annie con voz sería —te lo advierto, si intentas hacer algo Hound y Mackenzie vendrán de inmediato.
Él se percató de su tono de voz, podía ver a través de la mirada sería que Annie le dedicaba que tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar. Kitsune no estaba cerca y no podía escuchar la voz de Eliz. Levantó sus manos para observarlas con detalle, su propia magia lo estaba curando, pero allí también había muestras de que alguien lo había atendido, al ver sobre su hombro encontró una cama improvisada con una caja de cartón y una cobija. Ella lo había estado cuidando, ¿Por qué?
—Lo lamento
Fueron las únicas palabras que salieron por su boca, Annie dejó salir un suspiro y le busco un poco de agua y alimentos. Kuroneko observó la comida incrédulo y solo tomo el vaso de agua.
—Mara dijo que el hechizo que Kitsune hizo, selló a Eliz y no podrá revivir, no entiendo mucho del mundo mágico, pero si sé que eso significa— Annie hizo una pausa para pronunciar las palabras con tacto— que murió.
Kuroneko podía sentir la mirada de Annie sobre él esperando su reacción, por un momento el mundo se le paralizó. Tragó el agua para sentir el frescor pasando por su garganta. Annie observaba cada uno de sus movimientos, él se levantó y se acercó a la ventana.
—¿A dónde vas?
—Yo no soy una mascota para ir a un refugio— Annie se acercó preocupada por sus heridas —y apestas a zorro, no soporto el olor— mintió y se lanzó por la ventana.
No quiso voltear a verla, usar su magia para caer seguro en el piso hizo que sus extremidades dolieran.
Horas más tarde
Annie no podía verlo, desde la distancia era imposible notar al gato negro que vigilaba su ventana desde la azotea del edificio de enfrente. El viento helado recorría toda la espina dorsal moviendo sus pelos que lentamente se transformaban en grasosos cabellos negros.
Kuroneko tomó tanto aire como sus pulmones le permitieron, el pequeño dolor que sentía al expandirlos hasta el máximo le recordaba que estaba vivo.
No importaba cuánto lo intentara el nudo en su garganta no desaparecía, el temblor de sus garras no cesaba, pero sus ojos eran incapaces de soltar una lágrima.
—La culpa es un sentimiento muy agobiante, y el hecho de haber perdido a tu ama también— Kuroneko no tenía que voltear, reconocería la voz de Iora a donde fuese. Kuroneko soltó una carcajada sarcástica.
—Eliz me maltrato toda mi vida, me arrebato seis vidas, me hizo perseguir a ese zorro ¿Para que? ¿Para terminar siendo salvado por él? Mi existencia es un mal chiste.
—Entonces ¿Extrañas a Eliz?
Kuroneko se quedó en silencio, no se había hecho esa pregunta, recordar su rostro solo le traía imágenes que quería borrar de su memoria.
—No la extraño, pero desde que se fue escucho el vacío— Kuroneko se rió de la frase sin sentido que había dicho.
—Ese ruido blanco que oyes es normal, escuchabas su voz todos los días. Tus hombros deben estar mas ligeros— Iora se sentó a su lado.
—No debería sentir alivio de la muerte de mi ama, el lazo que tenemos, aunque esté creado con miedo, es un lazo real que nos une.
—Una hija que cuida de su madre enferma siente el mismo alivio, un esposo que debe decidir desconectar a su pareja en estado vegetal también lo siente, la muerte, a veces no solo libera a quien sufre, sino también a quien está atado. —Iora colocó su mano en el hombro de Kuroneko —Déjalo salir.
—No sé que quieres que saque, me siento vacío, como si todo dejara de tener sentido y el tiempo solo corriera sin más.
Kuroneko se quedó en silencio, cerró los ojos para dejar que la brisa acariciará su rostro, pero no podía sentirlo aunque sabía que hacia frío y que el aire corría con gracia, sin límites, libre. Libertad , una palabra que jamás pensó que podría usar consigo mismo. En los últimos instantes de Eliz él había reconocido sus sentimientos, incertidumbre, tristeza, dolor, miedo.
Eliz había sido la causante de sus pesadillas, pero no sentía felicidad de conocer su final. Se sentía molesto, ¿Era la necesidad de una disculpa? ¿la necesidad de verla arrepentida? Quería justicia por lo que le había hecho, también quería paz y dejar todo atrás. Nunca había tenido que preocuparse por sus propios sentimientos y el tener esa responsabilidad lo abrumaba.
—Las emociones propias son una carga pesada que no estás acostumbrado a llevar. Todos pasan la vida tratando de entenderlas y lidiar con ellas, es tu momento de hacerlo. Cuidar de esa niña te dará una falsa sensación de estabilidad, pero tarde o temprano tendrás que hacerte cargo de ti. Estar vivo es más difícil que morir.
Iora tenía razón, ocuparse de sus emociones le daba miedo, toda su vida pensó en complacer a Eliz y morir por sus deseos. Había visto la cara de la muerte varias veces y le aterraba más seguir con vida. Tomó aire profundamente dejando que cada uno de los recuerdos que tenía con Eliz lo golpeara con fuerza. Mientras el viento alborotaba su cabello dejó salir una amarga lágrima que recorrió lentamente su rostro hasta perderse en la curvatura formada por la sonrisa de su rostro. No estaba feliz de la muerte de Eliz, solo se sentía tranquilo.
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Por siempre
Cerita PendekRelatos de despedida compartidos por escritoras y escritores de la comunidad La resistencia escrita. La muerte no es el fin del vínculo; esa persona que se fue seguirá dentro.
