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—Tuvimos una pelea.
—Claro que lo recordé, eres tú.
—Miya, esto es un asco.
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El caso de Sakusa Kiyoomi.
La mayor parte de su infancia la paso con su primo y su tía, sus padres estaban muy ocupados todo el tiempo en su empresa.
Una parte de el odiaba esa empresa, si, gracias a ella gozaba de una muy buena posición social, pero debido a ella nunca había podido pasar mucho tiempo con sus padres, les importaba más la compañía que pasar tiempo con su hijo, las vacaciones familiares eran viajes de trabajo disfrazados, los cócteles en los que lo presentaban con orgullo eran una fachada en la que solo presumían sus notas y lo educado que era su hijo, pero estaba seguro de que a duras penas conocían en que grado estaba.
En el colegio no era mucho mejor, desde pequeño todos hicieron sus grupos, y a pesar de que de verdad intento encajar, socializar, no podía estar en un grupo, no soportaba estar con tantos niños que aunque tuvieran su misma edad se comportaran como cerdos y no seres humanos, entonces se terminó aislando.
Cuando era más pequeño los niños solían tirarle las cosas al piso, lanzarle tierra a la cara, pisarle los zapatos cuando estaban limpios. O eso fue hasta que creció se unió al equipo de voleibol y empezó a ganar músculo. De igual manera, nunca hizo muchos amigos después de eso.
Al contrario de lo que muchos pensaban, su misofobia no era algo muy grave, o que interfiriera con su vida, si, una parte del tiempo optaba por usar un tapabocas, pero no era como si pasara todo su tiempo limpiando o evitando el contacto físico, le molestaba hasta un punto, pero no le repugnaba como algunas personas podían pensar.
Recordaba ese día con exactitud, sus padres lo llevaron a Estados Unidos, en realidad solo lo llevaron porque su tía no lo podía cuidar y ellos necesitaban cerrar un trato importante, no lo llevaron por compañía ni nada similar. Entonces estaba dando vueltas en un edificio mientras los esperaba.
Fijándose en las estructuras, pinturas y las pocas personas trabajando ahí, muy ensimismadas para fijarse en el niño dando vueltas. Solo se concentraba en sus asuntos cuando un chico con el pelo castaño oscuro que estaba corriendo chocó con el, haciendo que los dos cayeran al piso con fuerza.
—Mierda.— Murmuró el castaño sobándose la cabeza.
—¡Tsumu, deja de perder el tiempo!— Gritó otro chico que se veía exactamente igual al castaño, aunque noto una diferencia, los ojos del chico que lo acababa de chocar eran cálidos, como si al mirarlo te estuviera dando la bienvenida, los del otro eran grises.
—¡Me caí!— Se quejó, levantándose sin ni siquiera pedirle perdón, imbécil.
Se dio cuenta de quien era cuando lo vio en las noticias un rato más tarde. Atsumu Miya, se dió cuenta de cómo el chico solo asentía cuando su padre hablaba, sin prestar atención, se dió cuenta de cómo cuando hablaba a veces su padre le apretaba el brazo disimuladamente y más importante de todo, se dió cuenta de que era de verdad un idiota.
Cuando lo buscó en internet (no porque le interesara, por curiosidad) se encontró con un torrente de comentarios, la mitad que hablaba de lo guapo que era el chico, y la otra mitad que hablaba de como habían sufrido la desgracia de conocerlo y darse cuenta de que era un mimado y arrogante.
Decidió quedarse con esa mitad, (no porque Atsumu hubiera herido su orgullo, obviamente) así que grande fue su sorpresa cuando le habló de eso a su primo y el solo respondió un breve "a mi me cae bien." Resultaba que Motoya se había hecho amigo del imbécil en una reunión en la que coincidieron los padres de ambos.
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Apartamento 512
FanficCuando su padre lo envió al internado de Tokio y lo sacó de su equipo de voleibol, Atsumu estaba seguro de que su vida habia terminado, o así era hasta que conoció a sus compañeros de cuarto; el ruidoso y extrovertido Oikawa Tooru, al cual ya conocí...
