Temporada de gripa.

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—¿Te enfermaste? ¿Te duele algo? ¿Medicina para que? ¿Te vas a morir?

—No te he matado, aún.

—Me pregunto que opinaría tu padre de eso.

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A todos les fue bien con la presentación, resultó que practicar y estudiar un día antes en lugar de procrastinar si daba resultados, pero nadie podría adivinar que a Atsumu le estaba yendo tan bien en las notas y haciéndose amigo de cada persona que conocía solo mirándolo.

—¡Y me sigue evitando!— Se quejó, sonándose la nariz, envuelto en unas tres cobijas, y por alguna razón, tirado en el piso.— ¡Préstenme atención desgraciados!

—...¿Porque esta?— Preguntó Akaashi que acababa de llegar.

—Está delirando porque está griposo y una tal Kashiko, la de nuestro salón, no le contesta los mensajes y lo ignora en persona.

—¡Estoy griposo y ustedes no me prestan atención y Samu no me contesta!— Estornudó, Oikawa hizo una cara de asco.

—Atsumu donde está tu...— Intentó hablar Akaashi, el griposo lo interrumpió.

—¡Te dije que me dijeras Tsumu!— Se volvió a quejar con la voz más nasal que habían escuchado en su vida antes de empezar a toser.

—Mayo, época de gripas.— Comentó Keiji, Atsumu volvió a estallar en tos.

—Dios no lo puedo ver así.— Tooru tomo otra cobija para taparle la cabeza y se la lanzó, tomando su distancia.

—¡No pueden insultarme cuando estoy enfermo, es básicamente ilegal!— Volvió a quejarse, su voz solo se escuchaba aún más atropellada por la cobija que el castaño acababa de lanzarle.

—¿Sabes dónde está su medicina?, la enfermera le dijo que la tenía que tomar cada tres horas.

—La tiro por la ventana.— Akaashi dejó salir un suspiro agarrandose el puente de la nariz.

—¡Un mes!— Estornudó, los mocos se veían aún debajo de la cobija.— ¡Y ya me enfermé, Samu no le llegan los mensajes, Omi me esta intentando asesinar, Kashiko me odia! Ya esta, me voy a morir acá.

—¿Quien era Omi?— Indagó Keiji, el cual normalmente tenía buena memoria, pero tampoco tenía una biblioteca en el cerebro en la cual podía clasificar todos los apodos que habían acumulado Oikawa y Atsumu. Con gran dificultad podía reconocer gestos como Oikawa aplanando su cabello y Atsumu que cada día decía un apodo diferente basado en el primer nombre de sus compañeros.

—Sakusa, te dije, se esta enloqueciendo.

—¡El sabe que odio que me digan Miya!— Estornudó una vez más.— Y el odia que le diga Omi, ¡entonces que se joda!

—Te vas a morir por tirar la medicina que te mandaron por la ventana, no porque Sakusa te mate, ni porque tu hermano no te contesta y mucho menos porque una chica no te conteste.— Intentó colaborar Keiji, olvidando con quien hablaba por un minuto, aun bajo la cobija podía ver el puchero de Atsumu, Akaashi suspiró de nuevo, poniéndose una chaqueta con una mueca.— Te voy a traer más, Oikawa por favor contrólalo.

En otras circunstancias, no encargaría a ninguno de los dos de la seguridad o el comportamiento del otro, no, dejar a Oikawa en supervisión de Atsumu era dejar a Oikawa sin supervisión y viceversa, pero en situaciones desesperadas, soluciones aún más desesperadas. Apenas Akaashi salió, Oikawa se sentó frente al teñido.

Apartamento 512Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora