Miré la foto mía que se encuentra en una de las páginas de ese gran álbum. Mi rostro luce fino y delicado. Mi mirada y amplia sonrisa dejan ver lo decidida y fuerte que era, todo lo contrario a lo que soy ahora. A mi lado se encuentra un anciano, todo lleno de arrugas, lo acompañan una barba de varios días, un cabello gris, una amplia sonrisa y un cayado. Un recuerdo azotó mi mente en ese momento.
Es día 27 de diciembre, apenas faltan cuatro días para celebrar el fin de año. No creo que yo vaya a celebrarlo, no con todo lo que estoy pasando en estos momentos. Padres fallecidos. Siempre supe que llegaría el día en que los iba a perder, porque obviamente no eran eternos, pero no pensé que se irían de esta forma. Sonreí como una tonta ante la joyería. Hace varias semanas que no visito a Marcos. Es mi amigo desde que soy pequeña.
Avancé hacia la tienda con paso firme, en el mostrador me recibió Luis, el nieto de Marcos. Es un chico bueno a pesar de que es un poco distraído en el trabajo, pero creo que algún día mejorará en ello. Lo saludé amablemente al pasar por su lado y no me quedé a hablar con él, simplemente busqué al anciano.
Lo encontré en la parte trasera de la tienda sentado en una banqueta, fuma de su pipa mientras lee un periódico y sabrá Dios de que año será. Frente al anciano está dispuesto un sofá así que no tardé en sentarme frente a él. Marcos me sonrió al verme y nos abrazamos en saludo.
— Nunca pensé que iba a extrañar tanto a un viejo cascarrabias como el asombroso Marcos — sonreí extendiendo mis manos para abrazarlo nuevamente.
— Y yo nunca pensé que iba a extrañar tanto a una puta de burdel como tu — su voz es pausada
Mis ojos se llenaron de lágrimas. No me molestó que me llamase puta, está lejos de molestarme algún día ya que me llama así desde que tengo uso de razón.
— ¿Que tienes para mí hoy? — inquirí
— Nunca pierdes la costumbre — y soltó una risa dejando de lado su pipa.
— No creo que alguna vez consiga dejarla — me sentí como una niña — Sabes que amo los chuches, y si me los regalas tú, mejor aún —
— Un día de estos no voy a estar, entonces vas a tener que dejar la costumbre — se levantó del banquillo con ayuda de su cayado
Hice una mueca de disgusto — Pero aún no te has ido así que voy a aprovechar al máximo — le sonreí cuando en realidad tengo ganas de llorar, siempre consigue joder los mejores momentos con ese tipo de afirmaciones.
— No me queda mucho tiempo y lo sabes — se quejó alejándose un poco — El Alzheimer me ha hecho olvidar gran parte de mi vida, no sé qué me has hecho porque no consigo olvidarte — río a carcajadas — Ni un mínimo detalle. Aún conservo los recuerdos de cuando eras pequeña —
— Eso es porque me quieres mucho mucho — rei junto a él — por eso no me logras olvidar —
— Algún día te voy a olvidar y lo sabes. Un día entrarás por esa puerta diciendo mi nombre y yo te preguntaré ¿quién es Marcos? —
— Ya basta, no quiero ponerme triste ahora — sequé una lágrima escurridiza que bajaba por mi mejilla — Lo importante es que aún me recuerdas, así que ve a por mis chuches —
— Eres muy exigente hasta con este pobre anciano — se acomodó sus espejuelos sobre la nariz — Le voy a decir a Martha que no cocine más dulces para tí —
— Incluso ella me quiere tanto que nunca dejaría de cocinarlos — le dije y el negó varias veces mientras se alejaba buscando lo que es mío por ley.
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Amnesia
Science FictionEn un mundo donde los recuerdos se desvanecen como sombras al amanecer, una chica sin identidad se encuentra perdida en un laberinto de memorias fragmentadas. Entre susurros de secretos olvidados y destellos de un pasado enigmático, se adentra en un...
