Twenty Three

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Presente

Supongo que dormí más de veinticuatro horas porque me siento con demasiada energía. El estómago me ruge implorando comida. Pienso en todo lo que ha pasado hasta este momento, en lo rota que está mi familia, en la vida de esa chica, Alma Smith, la cual murió por mi culpa, en las otras chicas aún atrapadas en ese lugar, confío en que Victoria no tiene el valor suficiente para hacerles daño, pienso también en mi padre encerrado y sin memoria y en la muerte de mi madre. La mayoría de ellos, los que aún puedan seguir con vida, dependen de lo que yo logre hacer de ahora en adelante.

Pienso en Simon, en los peligros a los que ha tenido que enfrentarse para protegerme, un dolor molesto se aloja en mi pecho y solo puedo pensar en ir a abrazarlo hasta que me quede sin energías. Me levanto de la cama bruscamente sintiendo un mareo el cual ignoro y corro escaleras abajo en busca de mi novio. No tardo en encontrarlo pues está dormitando en el sofá. Observo su postura, su cara de bebé, su torso desnudo, las gotas de sudor que corren por su pecho, la boca entreabierta. Eso último me hace sonreír.

Me lanzo sobre él quién despierta de un sobresalto y corresponde al abrazo. Estamos en esa misma posición por lo que parece una hora, hasta que mi estómago delata mi hambre con un potente rugido. Lo próximo que hice ese día fue comer tanto hasta odiar la comida además de ver películas, dormir, oír música, conversar y sobre todo, tener demasiado sexo. Me sentí como nueva después de haber vivido tantas cosas malas.

El alba se acercaba y yo estaba sentada frente a la ventana mirando los distintos tonos de anaranjado y rosa que adoptaban las nubes. Con todas las horas de sueño que he tenido las ojeras apenas son visibles. Pienso en lo que aún falta por hacer, lo veo como un paso mínimo ya que solo consiste en ir al bosque, a unos kilómetros del laboratorio, donde se encuentra ese maletín cuya contraseña solo la sé yo, y llevarlo a la policía.

Nunca entenderé la razón por la que mi padre me pidió que llevara eso a la policía cuando solo bastaba con mostrar el vídeo de la muerte de mi madre, él siempre me respondía con la misma frase: ella debe pagar por todos sus crímenes. Y siempre usé esa frase cuando alguien preguntaba.

Siento cómo me tocan con delicadeza en el hombro desnudo. Me giro para encontrarme con la sonrisa de Simon.

-- ¿En que piensas? -- se sienta en el alféizar de la ventana junto a mi

-- No hay que ser adivino para saberlo -- le respondo.

-- Quisiera estar lo que me queda de vida así -- rueda su vista hacia la ventana.

-- ¿Así como? -- lo miro soltando una carcajada -- ¿Estando de vago todo el día? ¿Hartandote y yendo a dormir? --

Él ríe ante mi idea -- No me refería a eso, aunque suena tentador. Me refiero a estar junto a tí, tenerte solo para mí cuando yo quiera... --

-- ...y cuando yo te lo permita -- completo la frase.

-- Olvidaba esa parte -- se queja -- Pero entiendes lo que intento decirte --

-- Amo cuando te pones sentimental -- le beso la mejilla.

-- ¿Que haremos hoy de interesante? -- pregunta al cabo de unos segundos.

-- ¿Tienes alguna propuesta ? -- los primeros rayos del sol empiezan a incidir sobre mis pies.

-- Hay muchas películas interesantes por ver, además, conozco otras bandas que quiero mostrarte --

-- Parece muy tentadora tú propuesta, pero no -- le respondo -- Recuerda que aún tenemos cosas que hacer --

-- ¿Como qué? -- Me pone una mano sobre la mejilla para facilitar la llegada hasta mis labios y besarme -- ¿Como esto? --

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