Capítulo 1: Dulce primera vez

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Estoy hundido en el sillón de cuero negro del consultorio de Eric, mi psicólogo, con el peso de meses de visitas pesando en mi pecho. He venido aquí durante lo que parece una eternidad, pero hoy es diferente. Hoy debo compartir algo que he estado guardando, incluso de mí mismo, un secreto que arde en mi interior, cálido y delicado como un deseo que no puedo apagar.

Eric me mira, esperando, sus ojos azules suaves pero atentos, su expresión abierta, invitándome a hablar. Sé que puedo confiar en él, aunque eso no hace que sea más fácil abrirme.

-Eric, soy adicto al sexo -digo finalmente, mi voz temblorosa.

Mis ojos desviándose hacia la ventana, evitando su mirada, sintiendo cómo mi cuerpo se calienta, mi corazón latiendo rápido, mi polla endureciéndose en mis pantalones con un calor suave, goteando pre-semen en mis boxers, cálido y delicado.

Hay un silencio en la habitación, tranquilo, reconfortante, aunque sé que solo son unos segundos. Mi respiración se acelera, mi sudor resbalando por mi espalda, pegándose a la camisa, mi polla latiendo, goteando más, marcándose ligeramente en la tela con una ternura casi imperceptible.

-¿Cuándo te diste cuenta de esto, Dominik? -pregunta, su tono suave, empático, sin el menor rastro de juicio, con una calidez que hace que mi polla lata más fuerte, como si su voz despertara algo íntimo en mí.

Respiro hondo, el aroma a cuero del sillón mezclándose con mi nerviosismo, mi polla palpitando, goteando pre-semen, cálido, sutil, resbalando por mi piel.

-Tenía 19 años cuando todo comenzó -digo, mi voz más tranquila ahora, mis dedos jugando nerviosamente con el borde de mi camisa, rozándola con suavidad, como si pudiera aliviar el deseo que me consume. -Al principio, pensé que era solo una etapa, disfrutar de ser joven, de explorar, de sentirme vivo. Pero luego... se convirtió en algo que no podía manejar.

Miro mis manos, mis dedos temblando, mi polla endureciéndose más, el pre-semen, cálido, delicado, resbalando por mi piel, mientras los recuerdos me envuelven, suaves pero intensos, como un susurro de deseo que no puedo silenciar.

-Era como si cada encuentro me diera un alivio pasajero, pero siempre anhelaba más, no podía resistirme. No importaba dónde estuviera, en el trabajo, en bares, en lugares privados, siempre buscaba la siguiente conexión, ese momento de placer que me llenaba.

Eric asiente, animándome con una mirada cálida, su bolígrafo moviéndose lentamente en su mano, pero sus ojos no se apartan de mí, y siento un calor en su atención, una ternura que despierta un deseo en mi cuerpo, mi polla latiendo, goteando más, marcándose en mis pantalones con una suavidad casi imperceptible.

-Me siento atrapado en un ciclo -confieso, mi voz temblorosa, mi polla palpitando, goteando pre-semen, cálido, delicado, resbalando por mi piel. -Cada vez que estoy con alguien, me siento bien por un momento, pero después, la culpa y la vergüenza me llenan, me pesan. Y aun así, no puedo detener este deseo, Eric, no puedo controlarlo.

Él toma notas, su mano firme, pero su mirada sigue fija en mí, y noto un brillo en sus ojos, algo cálido, casi tentador, que hace que mi polla lata, goteando más, mi sudor pegándose a mi piel con suavidad.

-¿Cómo te sientes ahora, al compartir esto? -pregunta, su voz baja, suave, con una empatía que me desarma, pero que también despierta un calor íntimo en mi cuerpo.

-Aliviado y nervioso al mismo tiempo -respondo, mi polla palpitando, goteando más en mis boxers, cálido, sutil, marcándose en mis pantalones. -Es como si, por primera vez, estuviera enfrentando algo que he evitado durante años, un deseo que me atrapa, pero que también me asusta.

Cayendo En La TentaciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora