El sol estaba en lo más alto, calentando el aire hasta hacer que cada paso por aquel sendero polvoriento se sintiera como un esfuerzo extra. Llevaba semanas planeando esta excursión con Luca: solo nosotros dos, el bosque, y esa sensación que no paraba de crecer entre nosotros. Yo iba delante, con la camiseta pegada al cuerpo por el sudor, sintiendo cómo mis músculos se marcaban bajo la tela húmeda. Luca me seguía de cerca, y cada tanto lo oía resoplar o soltar alguna de sus risas que me ponían los nervios a flor de piel.
-¿Cuánto falta para el río, Dominik? -preguntó, con ese tono suyo que mezcla impaciencia y algo más que me hace mirarlo dos veces. -Este calor me está matando.
Me giré un poco, sonriendo de lado. Él estaba empapado, el pelo oscuro pegado a la frente, la camiseta subiéndole lo justo para dejar ver un trozo de su abdomen bronceado.
-Ya casi estamos, no te quejes tanto. Además, te gusta sudar conmigo, no lo niegues -le dije, guiñándole un ojo.
Él soltó una carcajada y me dio un empujón suave en el hombro, de esos que me dan ganas de devolvérselo o de algo más.
-Sudar sí, pero prefiero hacerte sudar a mi manera -respondió, y sus ojos oscuros me clavaron una mirada que me aceleró el pulso.
Llevábamos todo el día así: miradas que se alargaban demasiado, roces que no eran casuales al pasar por el sendero estrecho, bromas que eran más promesas que chistes. El calor del verano y estar solos en el bosque solo lo hacían más intenso, como si el aire estuviera cargado de algo que ninguno de los dos quería nombrar. Cuando por fin llegamos al río, tiré la mochila al suelo y me quité la camiseta en un movimiento rápido, corriendo hacia el agua.
Me lancé de cabeza, el frío golpeándome como un subidón que me recorrió entero. Saqué la cabeza y vi a Luca quitándose los pantalones a toda prisa, quedándose en unos bóxer negros que se le pegaban a las piernas y al culo como si fueran una segunda piel.
-¡Eres un tramposo! -gritó antes de saltar detrás de mí, salpicándome al caer.
Nos reímos como tontos, nadando y empujándonos en el agua fría, pero no pasó mucho antes de que el juego cambiara. Sus manos encontraron mi cintura bajo la superficie, y cuando lo miré, vi esa chispa en sus ojos que me ponía a mil.
-¿Qué pasa, Dom? ¿Te da miedo que te gane hoy? -susurró, acercándose tanto que su aliento me rozó los labios.
-Inténtalo a ver si puedes -le solté, y antes de que terminara la frase, me agarró por la nuca y me besó con ganas.
Fue un beso intenso, húmedo, con su lengua enredándose en la mía como si quisiera devorarme. Nos separamos jadeando, pero él no me dio tregua.
-Quítate eso ya -me dijo, señalando mis bóxer empapados.
Sonreí, provocándolo un poco, y me los bajé bajo el agua, dejándolos flotar a un lado. Él hizo lo mismo, y en un segundo estábamos desnudos, el agua fría acariciándonos mientras el calor entre nosotros subía como una hoguera.
Me empujó contra una roca grande que sobresalía del río, mi espalda chocando contra ella mientras me besaba otra vez, lento y profundo, metiéndome la lengua hasta el fondo. Sus manos bajaron por mi pecho, apretándome los costados, hasta agarrarme el culo con fuerza, arrancándome un gemido que no pude contener.
-Voy a hacerte mío aquí mismo, Dominik -me susurró al oído, mordiéndome el lóbulo mientras sus dedos me tanteaban sin prisa.
Yo estaba duro, y él también; podía sentirlo rozándome bajo el agua, caliente y pesado contra mi piel.
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Cayendo En La Tentación
General FictionEs la historia envolvente de Dominik, un joven que, mientras navega por las turbulentas aguas de la adolescencia, se encuentra con un error que cambiará su vida para siempre: se vuelve adicto al sexo. Esta adicción lo lleva a explorar los límites de...
