El neón parpadeante del bar dibuja sombras rojas y azules sobre las paredes agrietadas, el olor a cerveza rancia y sudor llenando el aire mientras me siento en una mesa apartada, mis manos apretando una botella fría con más fuerza de lo necesario. Es una noche cualquiera en este antro del centro, el murmullo de risas y vasos chocando mezclado con el ritmo grave de la música que sale de los altavoces. Llevo una camiseta gris sudada, jeans negros ajustados y botas gastadas, mi cuerpo inquieto, como si supiera que algo está a punto de pasar. El calor de la noche me pesa en la piel, pero no es eso lo que me tiene al borde: es el hambre, ese vacío que no explica nada más.
Me llamo Dominik, y estoy aquí porque no puedo estar en ningún otro lado. No después de lo de anoche con Adrián, ni de las veces que me he perdido en callejones o baños públicos buscando lo mismo. Frente a mí está Rubén, un tipo que conocí hace unas semanas en este mismo bar. No es un terapeuta como Eric, ni un amigo, ni siquiera un ligue fijo; es algo más peligroso: un cabrón que entiende lo que quiero antes de que lo diga. Tiene unos treinta y tantos, pelo corto y oscuro, una barba recortada que enmarca una sonrisa afilada, y unos ojos que parecen leerme el alma. Lleva una camisa negra desabotonada en el pecho, jeans rotos, y está recostado en su silla, mirándome con una mezcla de curiosidad y morbo que me pone los nervios de punta.
-Estás tenso, Dominik -dice, su voz grave cortando el ruido del bar, sus dedos tamborileando en su vaso de whisky. -Llevas toda la noche moviéndote como si tuvieras algo metido en el culo. ¿Qué te pasa? Dímelo, quiero saber qué te está jodiendo la cabeza.
Trago saliva, mi polla palpitando bajo los jeans solo por estar aquí, por la forma en que me mira, como si supiera lo que quiero sin necesidad de decirlo. El recuerdo de Adrián follándome anoche, su polla preñándome en la cama, se mezcla con las imágenes de otros: desconocidos en el metro, tíos en los baños del gimnasio, cada uno dejándome lleno. Respiro hondo, mi voz temblando mientras intento ordenar el caos en mi cabeza.
-No sé cómo explicarlo, Rubén -empiezo, mi mirada saltando de su cara al vaso en mi mano, luego de vuelta a sus ojos. -Pensé que era el sexo, ¿sabes? Que era adicto a follar, al morbo, al riesgo... pero no es eso. Es otra cosa, algo más... jodido.
Él arquea una ceja, inclinándose hacia mí, su camisa abriéndose un poco más, dejando ver el vello oscuro de su pecho. Su sonrisa se ensancha, pero no es burlona; es como si supiera a dónde voy antes de que llegue.
-Sigue -dice, su tono bajo, casi un desafío. -¿Qué es lo que te tiene así? Sé claro, Dominik. No me hagas sacártelo a la fuerza.
Me muevo en la silla, la madera crujiendo bajo mi peso mientras el calor me sube por el cuello. El bar está lleno, pero en esta esquina oscura, con la mesa ocultando la mitad de nuestros cuerpos, siento que estamos solos, atrapados en esta conversación que me desnuda más de lo que quiero.
-Es... las pollas -admito, mi voz baja, casi un susurro, pero cargada de un morbo que me quema al decirlo. -No es el sexo, Rubén. Es sentirlas dentro. No importa quién sea, dónde esté, cómo pase... si hay una polla, la quiero en mí. Me da igual si es Adrián, un desconocido en un callejón, o... tú. Es eso lo que me enciende, lo que no me deja parar.
Rubén no dice nada al principio, solo me observa, sus ojos brillando en la penumbra del bar mientras procesa mis palabras. Luego suelta una risa baja, un sonido que vibra en mi pecho, y toma un sorbo de whisky, lamiéndose los labios después, como si estuviera saboreando mi confesión.
-Joder, Dominik -dice, su voz grave, con un filo sucio que me pone la piel de gallina. -Eso es... directo. No quieres amor, ni caricias, ni toda esa mierda romántica. Solo pollas, ¿eh? Dentro de ti, llenándote. ¿Es eso?
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Cayendo En La Tentación
Fiksi UmumEs la historia envolvente de Dominik, un joven que, mientras navega por las turbulentas aguas de la adolescencia, se encuentra con un error que cambiará su vida para siempre: se vuelve adicto al sexo. Esta adicción lo lleva a explorar los límites de...
