Al abrir la puerta de la oficina de Eric, el ambiente se siente inusualmente cargado. Un olor inconfundible me golpea apenas cruzo el umbral, un olor que para muchos sería apenas perceptible, pero para mí, es tan claro como el día. Es el olor del sexo, y evoca en mí una oleada de emociones y curiosidad intensa.
Con cada paso que doy hacia mi sillón habitual, veo una prenda femenina en el suelo que confirma mis sospechas. La imagen de Laura y Eric juntos aquí, en este mismo espacio donde he compartido mis más íntimas confesiones, no es perturbadora; es excitante. Me encantaría estar en la posición de Laura, experimentar el mismo morbo de un encuentro tan prohibido en la oficina.
-Parece que alguien ha estado disfrutando mucho aquí. Debo admitir que me da un poco de envidia -comento, mi voz llena de un deseo palpable y un toque de juego. -Siempre he pensado que este lugar tiene su propio tipo de encanto secreto.
Eric parece momentáneamente descolocado por mi franqueza.
-Dominik, esto... es complicado. Puedo explicarlo -dice, intentando iniciar una justificación.
-Desde que te vi aquel día, tan... afectado por nuestras conversaciones, no he podido dejar de pensar en ti de esa manera -añado, confesando abiertamente mi creciente atracción por él desde el momento que percibí su respuesta física a mis relatos.
Prefiero cambiar de tema, evitando profundizar en detalles que podrían hacer la situación más incómoda.
-Sabes, eso me recuerda a una experiencia que tuve -continúo, guiando la conversación hacia un terreno menos personal. -Una vez, estuve con alguien que tenía cierta autoridad sobre mí. Fue increíblemente excitante, la intensidad del poder, el riesgo, la adrenalina de cruzar esa línea.
Describo la dinámica de poder, conscientemente añadiendo detalles explícitos pero insinuando a la vez lo suficiente para pintar una imagen clara de la carga emocional y física del encuentro.
**Volvemos al pasado.**
Era la hora del recreo y el profesor Fernández había propuesto que diéramos un paseo por la escuela. Yo había aceptado de inmediato, ansioso por pasar un rato a solas con él. El señor Fernández era un hombre maduro, con unos cuarenta años, pero estaba en forma gracias a su pasión por el gimnasio.
Su cuerpo atlético y su sonrisa seductora me habían llamado la atención desde el primer día de clase. Además, yo me había dado cuenta de cómo me miraba el culo en clase, especialmente cuando me inclinaba sobre su escritorio.
Mientras caminábamos por el recreo, el profesor se acercó a mí y me susurró al oído:
-¿Te apetece hacer algo un poco peligroso?
Yo asentí con la cabeza, excitado por la posibilidad de hacer algo prohibido con él.
Me guió hacia un rincón apartado del recreo, donde había un pequeño cobertizo. Una vez dentro, el profesor Fernández cerró la puerta y me besó apasionadamente. Sus manos recorrieron mi cuerpo, explorando cada curva y cada músculo.
-Siempre observó en clase ese pedazo de culo que tienes -me dice mientras sigue tocándome.
Yo respondí a sus caricias con la misma intensidad, sintiendo cómo mi deseo crecía a cada segundo. El profesor empezó a desnudarme lentamente, besando cada parte de mi piel que quedaba expuesta.
Yo hice lo mismo con él, admirando su cuerpo perfecto y sintiendo cómo su miembro se endurecía bajo mis manos.
-Es enorme -digo mientras lo tengo en las manos.
-Veras lo bien que siente -responde mientras pone una sonrisa picarona.
Una vez desnudos, nos tumbamos en el suelo del cobertizo y empecé a mamar su miembro. La sujeté con una mano mientras con la otra le masajeaba los huevos. Lamí toda la longitud de su miembro, saboreando cada gota de pre-cum que escapaba de la punta. El profesor gemía de placer mientras yo le mamaba, clavando sus dedos en mi pelo y guiando mis movimientos.
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Cayendo En La Tentación
Ficción GeneralEs la historia envolvente de Dominik, un joven que, mientras navega por las turbulentas aguas de la adolescencia, se encuentra con un error que cambiará su vida para siempre: se vuelve adicto al sexo. Esta adicción lo lleva a explorar los límites de...
