Capítulo 26: Dulce escucha

298 9 0
                                        

La puerta del apartamento cruje cuando la empujo, el aire caliente y cargado de la calle colándose conmigo mientras dejo las llaves en la mesa del pasillo. Son pasadas las once, y mis botas resuenan en el suelo de madera gastada, mi camiseta pegada al pecho por el sudor de la noche.

Llevo jeans oscuros y el pelo revuelto, mi cuerpo todavía zumbando después de un par de cervezas en el bar del barrio. Me llamo Dominik, y aunque no esperaba nada especial al volver a casa, el sonido que me recibe me para en seco: gemidos, fuertes y crudos, viniendo del cuarto de Adrián.

Me quedo quieto en el pasillo, el corazón latiéndome rápido mientras escucho. Es mi hermanastro, Adrián, su voz grave mezclándose con los chillidos agudos de una chica. La cama cruje rítmicamente, el golpeteo de la cabecera contra la pared resonando en el apartamento, y cada sonido me golpea como un puñetazo en el estómago.

No es la primera vez que lo oigo follar, pero esta noche hay algo distinto: la intensidad, la urgencia, los jadeos de ella diciendo su nombre. Mi polla se endurece al instante, presionando contra mis jeans, y me apoyo en la pared, incapaz de moverme.

-Joder, Adrián... -gime la chica, su voz alta y rota mientras la cama suena más fuerte. -¡Sí, así...!

-Calla y tómalo -gruñe él, su tono ronco y dominante.

El sonido de carne contra carne me llega claro, húmedo y guarro. Sé cómo es Adrián cuando folla: alto, musculoso, con ese pelo oscuro desordenado y una polla que no perdona. Lo he sentido antes, demasiadas veces, y ahora, oyéndolo con ella, el morbo me consume.

Me deslizo más cerca de su puerta, entreabierta apenas un centímetro, y miro por la rendija. La luz tenue de una lámpara ilumina la escena: Adrián encima de ella, su espalda sudada brillando mientras la embiste, sus caderas moviéndose con fuerza contra el culo de la chica, que está a cuatro patas, gimiendo con la cara enterrada en la almohada.

No veo su rostro, pero su pelo largo y oscuro se sacude con cada golpe, y el sonido de su coño chorreando bajo él me pone al borde. Mi mano va a mis jeans, apretando mi polla por encima de la tela, y me muerdo el labio para no gemir.

-Joder, me voy a correr... -jadea ella, y Adrián acelera, sus manos agarrándole las caderas mientras gruñe algo que no entiendo.

La cama tiembla, y ella chilla, su cuerpo temblando mientras se corre, el sonido húmedo de su orgasmo llenando el cuarto. Él no se detiene, embistiéndola más fuerte hasta que suelta un gemido grave, su culo tensándose mientras se corre dentro de ella, preñándola con una carga que sé que es espesa y caliente.

Se quedan quietos un momento, jadeando, y luego ella se ríe, baja y agotada, mientras se desliza fuera de la cama.

-Eres un animal -dice, buscando su ropa en el suelo. -Tengo que irme, mi novio me espera.

-Vete, entonces -responde Adrián, su voz cansada mientras se deja caer en la cama, desnudo y sudado. -Cierra la puerta al salir.

Ella se viste rápido, una falda corta y una camiseta, y pasa por el pasillo sin verme, su cara sonrojada y el pelo revuelto. La puerta principal se cierra tras ella, y el apartamento queda en silencio, salvo por el zumbido del ventilador en el cuarto de Adrián.

Mi polla sigue dura, mi respiración pesada, y el morbo de lo que acabo de ver me quema por dentro. No puedo dejarlo así. Lo quiero a él, quiero sentir esa polla que acaba de follarse a esa chica, quiero que me llene como tantas veces antes.

Camino sigiloso hasta su habitación, la puerta todavía entreabierta, y entro. Adrián está dormido, boca arriba en la cama deshecha, su pecho subiendo y bajando lento, su polla flácida descansando contra su muslo, todavía brillante por el sexo, una mezcla de semen y jugos de ella.

Cayendo En La TentaciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora