Capítulo 32: Dulce prueba

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El crepúsculo tiñe las ventanas del taller mecánico con un brillo anaranjado, el olor a grasa, metal y sudor llenando el aire mientras empujo la puerta oxidada. El lugar está casi vacío a esta hora, solo el zumbido de un ventilador viejo y el eco de una llave inglesa cayendo en algún rincón. Llevo una camiseta gris sudada, jeans negros ajustados y botas gastadas, mi cuerpo vibrando con una mezcla de nervios y deseo.

Me llamo Dominik, y después de confesarle a Rubén en el bar mi obsesión por ser llenado, por sentir pollas dentro de mí como si fuera un recipiente, he quedado con alguien nuevo: Leo, un mecánico que conocí en la app gay y que prometió "ponerme a prueba".

No sé qué espera de mí, pero el hambre que me quema por dentro, esa necesidad cruda de ser invadido, me trajo hasta aquí.

Leo está al fondo, apoyado contra un coche a medio arreglar, su mono de trabajo abierto hasta la cintura, dejando ver un pecho velludo y sudoroso, tatuajes desvaídos trepando por sus brazos. Tiene unos cuarenta, pelo corto y canoso, una barba recortada y unos ojos oscuros que me clavan desde el momento en que entro. En su mano, una cerveza a medio tomar, y en su cara, una sonrisa torcida que me pone la piel de gallina.

-Dominik -dice, su voz grave cortando el silencio del taller, un filo morboso en su tono mientras da un paso hacia mí. -Justo a tiempo. Entra, cierra la puerta. Vamos a jugar con ese hambre tuya.

Mi polla se endurece al instante bajo los jeans, mi respiración acelerándose mientras cruzo el umbral, la puerta metálica chirriando tras de mí al cerrarse. No aparto los ojos de él, pero cuando baja la cerveza y se desabrocha el mono más abajo, mi mirada cae: su polla está fuera, gruesa, medio dura, colgando libre contra su muslo, expuesta como una provocación cruda.

El hambre me golpea duro, subiéndome por la garganta, y mis manos se aprietan en puños mientras me quedo quieto.

-Joder, Leo... -murmuro, mi voz temblando mientras miro su polla, tan cerca, tan jodidamente real. -¿Qué es esto?

-Una prueba -responde, su tono firme pero cargado de deseo mientras se apoya en el capó del coche, su polla a la altura de mi cintura, tentándome sin moverse. -Me contaste lo tuyo en la app, Dominik. Ese vicio por las pollas, por sentirlas dentro. Quiero ver cuánto control tienes. Ponte de rodillas, chúpamela, y vamos a medir cuánto tardas en pedirme que te folle.

El calor me sube por el cuello, mi cuerpo temblando mientras lo miro, su polla a centímetros, palpitando ligeramente bajo mi mirada. Me arrodillo frente a él, el suelo de cemento frío y áspero bajo mis rodillas, mi cara tan cerca que siento su calor, el olor a sudor y hombre llenándome la nariz. Mi boca se hace agua, el hambre rugiendo dentro de mí como una bestia.

-Joder... -susurro, mis manos temblando mientras las apoyo en mis muslos, mirando su polla, gruesa y pesada. -¿Solo chuparla?

-Solo eso, por ahora -confirma, su voz grave pero con un filo sucio que me enciende. -No te voy a follar todavía, Dominik. Chúpamela y veamos cuánto aguantas antes de suplicar. Empieza cuando quieras.

Trago saliva, mi polla palpitando contra los jeans mientras me inclino, mi lengua saliendo primero, rozando la punta de su polla con un lametón lento que me arranca un gemido bajo. El sabor salado me golpea, crudo y adictivo, y abro la boca más, tomándola entera, mi lengua deslizándose por su grosor mientras mis labios se cierran alrededor.

Leo no se mueve, solo me mira, su cerveza en una mano, la otra apoyada en el capó, su respiración tranquila mientras empiezo a chupar.

-Joder... -gimo contra su piel, mi voz apagada por su polla mientras la saboreo, mis manos subiendo a sus muslos, fuertes y sudorosos bajo el mono. -Es... tan jodidamente buena...

Cayendo En La TentaciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora