La idea me golpea una madrugada mientras estoy tirado en mi cama, el ventilador zumbando inútilmente contra el calor sofocante del verano. Mi cuerpo está inquieto, mi polla medio dura, y el hambre que Rubén me ayudó a descifrar, esa necesidad cruda, animal, de sentir pollas dentro de mí, me quema por dentro como un incendio.
Me llamo Dominik, y después de confesarle a Rubén en el bar que no es solo el sexo lo que quiero, sino esa sensación de ser invadido, poseído y lleno, decido llevarlo más lejos. No basta con Adrián en casa, ni con los desconocidos en callejones o baños. Quiero más. Quiero todo.
Abro mi portátil, entro a una app gay que uso a veces y escribo un mensaje directo en un grupo local: "Mañana, 4 PM, baños del sótano, estación de tren vieja. Doy culo, sin charla. Marca tu turno en mi culo con un boli: I, II, III... hasta donde llegue." Publico, cierro la tapa y me toco la polla, dura como piedra. El morbo de imaginarme lleno, marcado y usado me hace jadear en la oscuridad.
Al día siguiente camino por las calles polvorientas hacia la estación de tren abandonada, una mole de hormigón grafiteada que apenas usan salvo por los que buscan algo sucio como yo. Llevo una camiseta negra sudada, jeans oscuros que me aprietan las piernas y botas gastadas, con la mochila al hombro para pasar desapercibido. El sol quema, pero el hambre me quema más: una presión en el pecho y en el culo que no me deja pensar en nada más.
Los baños del sótano son un secreto a voces: sucios, oscuros, perfectos para esto. Bajo las escaleras, el olor a humedad y orina golpeándome, y entro al baño. Los azulejos rotos reflejan la luz tenue de una bombilla parpadeante. Me meto en el cubículo del fondo, el más grande, dejo la puerta entreabierta, me bajo los jeans y los bóxers hasta los tobillos. Me apoyo en la pared, el culo expuesto, y mi respiración se acelera mientras el frío del azulejo roza mi piel. Espero, mi polla goteando, el hambre rugiendo dentro de mí como una bestia.
El primero llega en minutos: un tipo delgado con chaqueta de cuero, pelo corto y ojos nerviosos. No habla. Solo me mira un segundo antes de desabrocharse los pantalones y sacar una polla fina pero dura, ya brillante de precum. Escupe en su mano, el sonido guarro resonando en el cubículo, y empuja dentro de mí, torpe pero ansioso.
-Joder... -gimo bajo, mi voz rebotando en las paredes mientras su polla me abre.
Delgada pero caliente, llenando ese vacío que me consume. El hambre se calma un poco, pero no es suficiente. Se mueve rápido, jadeando, y se corre en menos de un minuto. Su semen caliente pero escaso se desliza dentro de mí. Saca un boli del bolsillo y marca un "I" tembloroso en mi culo con tinta azul antes de salir sin mirar atrás.
Me quedo jadeando, el semen goteándome por el muslo, mi polla palpitando. El morbo de la primera marca enciende algo sucio en mí.
El segundo llega poco después: un tío más grande, con barba recortada y camiseta de gimnasio que huele a sudor. Entra con paso firme, su polla ya en la mano, gruesa y pesada, con venas marcadas que me hacen salivar. Me mira, sus ojos oscuros brillando de morbo, y escupe directamente en mi culo antes de empujar. Su grosor me abre más, arrancándome un gemido alto.
-Qué culo tan tragón... -susurra con voz ronca mientras me folla.
Cada embestida es profunda y firme, como si quisiera dejar su huella. Mis manos se clavan en la pared, mi polla goteando contra el suelo. El hambre se sacia un poco más, esa sensación de ser lleno e invadido me hace temblar. Se corre con un gruñido, su semen espeso inundándome y mezclándose con el primero. Saca un boli negro y marca un "II" preciso al lado del "I" antes de irse.
El tercero es un chico más joven, con pelo desordenado y camiseta rota, oliendo a tabaco. Su polla es más corta pero curva, y cuando entra roza algo dentro de mí que me hace jadear, mis piernas temblando. Es silencioso, solo respira fuerte mientras me folla, sus manos apretándome las caderas con dedos inseguros.
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Cayendo En La Tentación
Fiksi UmumEs la historia envolvente de Dominik, un joven que, mientras navega por las turbulentas aguas de la adolescencia, se encuentra con un error que cambiará su vida para siempre: se vuelve adicto al sexo. Esta adicción lo lleva a explorar los límites de...
