Capítulo 3: Dulce placer

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El reloj marcaba las primeras horas de la tarde cuando llegué a la oficina de Eric. El ambiente ya familiar tenía un matiz diferente hoy, tal vez por las revelaciones de nuestra última sesión. Me senté, cruzando las piernas y preparándome para lo que sabía que sería una sesión intensa.

-Buenas tardes, Dominik. Me alegra verte -dijo Eric con una sonrisa profesional, aunque sus ojos reflejaban una cautela que no había estado allí antes.

-Igualmente, Eric. Siempre es interesante venir aquí -respondí, devolviéndole la sonrisa y notando cómo observaba con cuidado cada uno de mis movimientos.

La sesión comenzó con las preguntas habituales sobre mi semana, pero pronto, Eric cambió de dirección, tocando temas más profundos.

-Dominik, en nuestras últimas sesiones has compartido mucho sobre tus interacciones físicas. Hoy, me gustaría explorar qué sientes justo después de estos encuentros. ¿Hay algo más allá del placer inmediato? -su voz era suave, pero la pregunta cargaba un peso considerable.

Tomé un momento para pensar. Era una pregunta que rara vez me permitía considerar, concentrado como estaba en la búsqueda constante de nuevas experiencias.

-A veces, siento un vacío -admití finalmente, -como si, una vez que el placer se desvanece, me quedara buscando algo que ni siquiera sé cómo describir.

-Es interesante que menciones el vacío. ¿Crees que ese sentimiento podría estar impulsando tu necesidad de buscar más encuentros? -Eric inclinó la cabeza, analizando mi respuesta.

-Podría ser -dije, sintiendo que cada pregunta de Eric desenterraba algo que había estado escondido bajo capas de justificaciones y deseo.

-Dominik, ¿te has preguntado si hay otras formas de llenar ese vacío? Maneras que no involucren la búsqueda de placer físico efímero? -Eric estaba ahora en plena forma terapéutica, cada pregunta diseñada para empujarme a considerar alternativas.

La conversación se adentró más en mis motivaciones y emociones, explorando ángulos de mi vida que había ignorado o evitado conscientemente. Eric manejaba la sesión con una destreza que me obligaba a respetarlo aún más, a pesar de la tensión subyacente entre nosotros.

*Volvemos al pasado.*

Alex y yo estábamos envueltos en la penumbra de la habitación, cada sombra jugando sobre nuestros cuerpos como si danzara al ritmo de nuestra respiración. La tensión entre nosotros había construido un puente de deseo palpable, y cada toque era una chispa que amenazaba con incendiar todo lo que habíamos construido hasta ese momento.

-Estás increíble -susurró Alex mientras sus manos expertas recorrían mi espalda, descendiendo lentamente hasta la curva de mis caderas. Sentí sus dedos fuertes presionando y explorando, provocando ondas de calor que se centraban en mi núcleo.

Respondí al instinto, girando para enfrentarlo más directamente. Sus labios encontraron los míos nuevamente, pero esta vez con una urgencia renovada. La manera en que su lengua jugaba con la mía, en un tira y afloja de sensaciones, me llevaba al borde de la razón. Podía sentir su miembro duro contra mi abdomen, un recordatorio palpable de su necesidad.

Alex rompió el beso solo para trazar un camino con su boca a lo largo de mi mandíbula hasta mi cuello, donde dejó pequeñas mordidas que enviaron chispas eléctricas a través de mi cuerpo. Mientras tanto, sus manos no estaban quietas; una encontró su camino hacia mi trasero, amasándolo con una posesión que me dejó sin aliento. Sentí cómo sus dedos exploraban más, presionando contra mi entrada con una promesa tácita de más.

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