Capítulo 11: Memorias Perdidas

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—¡Sergio! —gritó, corriendo hacia él.

Sergio yacía inmóvil, su cabeza sangraba abundantemente. Lewis cayó de rodillas a su lado, sintiendo una oleada de terror como nunca antes había experimentado. Su respiración era irregular, y aunque su instinto alfa lo empujaba a mantener la calma, el pánico lo invadía.

—¡Sergio, despierta! —suplicó, tocando suavemente su rostro pálido—. No... no, por favor...

La sangre cubría parte de la frente de Sergio y corría por su mejilla, manchando el suelo bajo su cabeza. Lewis no podía pensar con claridad, solo sabía que debía llevarlo a un hospital cuanto antes. En su forma humana, era más rápido y eficiente para cargarlo, así que lo levantó en brazos con cuidado, sintiendo cómo su corazón se aceleraba. El omega era tan frágil, y la cantidad de sangre que había perdido lo aterraba.

Sin perder tiempo, Lewis comenzó a correr hacia el automóvil que habían dejado cerca. Cada paso resonaba en sus oídos como un tamborileo de desesperación, sus ojos llenos de lágrimas que apenas podía controlar. Al llegar al auto, colocó a Sergio en el asiento trasero, asegurándose de que su cabeza estuviera en una posición que no empeorara la herida.

—Por favor, aguanta, Sergio... —murmuró con la voz quebrada mientras arrancaba el coche y aceleraba hacia el hospital más cercano.

El trayecto fue una tortura. Lewis no dejaba de mirar por el retrovisor, esperando ver algún signo de vida en Sergio, algún movimiento, pero nada sucedía. Maldijo porque el hospital quedaba bastante lejos de donde estaban. Cada segundo que pasaba parecía una eternidad. Al llegar al hospital, frenó bruscamente, saltando del auto y cargando a Sergio en brazos, corriendo hacia la entrada.

—¡Ayuda! —gritó con desesperación, llamando la atención de los médicos de inmediato.

Una enfermera se acercó rápidamente, y en cuestión de segundos, Sergio fue colocado en una camilla y llevado a emergencias. Lewis quiso seguirlos, pero lo detuvieron.

—Tiene que esperar aquí —dijo un médico con tono firme, aunque comprensivo.

Lewis se quedó allí, inmóvil, sintiendo una mezcla de impotencia y dolor desgarrador. Su mente solo repetía una y otra vez las mismas palabras: "No puede perderlo. No ahora."

Pasaron horas eternas, y Lewis no pudo hacer más que caminar de un lado a otro en la sala de espera, frotándose nerviosamente las manos, intentando controlar la ansiedad. Finalmente, un doctor se acercó.

—¿Sr. Hamilton?

Lewis levantó la mirada, sus ojos mostrando el miedo que aún lo invadía.

—Su esposo está estable. La herida en la cabeza fue profunda y perdió bastante sangre, pero logramos detener la hemorragia. Lo que nos preocupa ahora es su estado neurológico... Sufrió un golpe severo, y aunque lo mantendremos en observación, hay algo que debe saber.

Lewis asintió, esperando lo peor.

—Parece que su esposo ha sufrido un episodio de amnesia. Todavía no sabemos hasta qué punto ha afectado su memoria. Habrá que hacer más estudios para determinar el alcance del daño.

El corazón de Lewis se hundió. Amnesia. Sergio no recordaría nada. Su matrimonio era reciente, se casaron como completos desconocidos, a pesar de eso, en el poco tiempo que habían estado juntos y dejando de lado el vínculo que los unía como alfa y omega, podia sentir una gran conexión y química entre ellos, se trataban como si se hubieran conocido de hace mucho tiempo, Lewis incluso empezaba a sentir un amor tan grande floreciendo entre ellos, tal como lo había prometido, todo era real.  Ahora todo ese avance desaparecía. 

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