Capítulo 22: Rumores

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Max, sentado en su despacho con las luces tenues, en aquella casa que había adquirido en la manada de las panteras, harto de esas habitaciones frías del hotel donde se hospedaba había hecho esta compra impulsiva, ahora se encontraba jugueteando con un vaso de whisky en la mano. Sus ojos, fríos y calculadoras, se posaban en los documentos que había reunido durante los últimos días sobre la vida de Lewis y Sergio. No había más margen para el fracaso. Si quería a Sergio, debía romperlo todo.

Había visto cómo Lewis lo miraba a través del ventanal aquella mañana, como un alfa marcando su territorio. La escena seguía grabada en su mente: el cuerpo de Sergio, entregado a Lewis, la devoción palpable en sus movimientos. Eso no debía ser así. Sergio era suyo, destinado a él.

Max dejó el vaso con un golpe seco y empezó a trazar su plan. No podía depender únicamente de la fuerza bruta. Sergio era demasiado noble y sensato para caer ante una demostración abierta de poder. No, lo que necesitaba era debilitar a Lewis y sembrar dudas en la mente de Sergio. Si lograba fracturar esa relación, Sergio vendría a él inevitablemente.

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El amanecer aún no llegaba cuando Max Verstappen ya tenía todo preparado. Un brillo oscuro brillaba en sus ojos azules mientras caminaba con paso firme por aquella solitaria calle. Su plan había sido trazado con precisión y ahora solo quedaba ponerlo en marcha.

Desde hacía semanas, Max había estado tanteando las aguas, buscando aliados entre aquellos con rencor hacia Lewis. Daniel Ricciardo había sido una pieza fácil de asegurar en este tablero peligroso. Envidioso de Lewis desde hacía años, Daniel cargaba con resentimiento por haber sido relegado a un segundo plano en la manada de las panteras, donde Lewis siempre había brillado como líder.

Max había encontrado a Daniel en una taberna secreta al borde del territorio, donde los omegas y alfas con menos reputación iban a beber y olvidarse del peso de la manada. Daniel bebe solo, su mandíbula tensa y los ojos clavados en la mesa frente a él. Max pensó que se veía como el perdedor que era.

— ¿Te importa si te acompaño? —preguntó Max con falsa amabilidad, dejando caer una bolsa de cuero con monedas sobre la mesa. El sonido metálico atrajo la mirada de Daniel de inmediato.

— ¿Qué haces aquí, Verstappen? No eres bienvenido en este lugar —gruñó Daniel, aunque no pudo apartar la vista de la bolsa.

—Calma, amigo —sonrió Max, apoyando los codos sobre la mesa mientras se inclinaba hacia él—. Estoy aquí para hacerte una oferta que no podrás rechazar. ¿No estás cansado de vivir bajo la sombra de Lewis Hamilton?

El rostro de Daniel se endureció. Aquella mención era como un veneno.

—¿Qué quieres decir? —espetó con desconfianza.

—Todos lo saben —respondió Max, adoptando un tono compasivo pero calculador—. Lewis siempre se lleva la gloria. Siempre el favorito. Él lo tiene todo, una familia, amigos leales y el respeto de una manada, mientras tú no tienes nada. ¿No es hora de que alguien más ocupe ese lugar? Alguien como tú.

—No me interesa tu política, Max.

—Pero sí te interesa la justicia, ¿no? —Max dejó que sus palabras calaran hondo—. Lewis no es lo que parece. ¿Sabes cuántos secretos guarda ese alfa? Yo tengo pruebas... pruebas que podrían hacerlo caer de una vez por todas.

Daniel lo miró con una mezcla de duda y curiosidad. Max suena internamente. Lo tenía exactamente donde quería.

—¿Y qué gano yo?

—Dinero —dijo Max, empujando la bolsa hacia él—. Tierra, respeto, y un lugar como el alfa justo que desenmascaró a Lewis Hamilton.

El resentimiento nubló los pensamientos de Daniel, y después de un largo silencio, aceptó.

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⏰ Última actualización: Dec 17, 2024 ⏰

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