La tormenta azotaba la selva amazónica con una fuerza implacable. El viento rugía entre los árboles y la lluvia caía en cortinas, empapando todo a su paso. José estaba dentro de su tienda, intentando mantener la calma mientras el ruido de los truenos resonaba en la distancia. Sabía que las tormentas en la selva podían ser violentas, pero algo en esta tormenta se sentía diferente. El aire vibraba con una energía que no podía explicar.
—¿Crees que la tienda resistirá? —preguntó Diego, desde su saco de dormir, con la voz tensa.
—No te preocupes —respondió Valeria, tratando de mantener la calma—. Las tormentas pasan rápido aquí. Mañana todo volverá a la normalidad.
Sin embargo, José no estaba tan seguro. Recordaba la sensación que había tenido cuando tocó el arco en las ruinas, esa extraña vibración que había recorrido su mano, como si algo vivo estuviera latiendo dentro de la piedra. Ahora, con la tormenta arreciando, sentía que esa misma energía estaba en el aire.
—No es solo la tormenta —dijo José en voz baja, aunque sabía que nadie lo había escuchado.
De repente, un trueno ensordecedor sacudió el suelo bajo ellos, y un destello de luz iluminó la jungla. Camila, que había estado durmiendo en una tienda cercana, salió corriendo hacia donde estaban José y los demás, empapada por la lluvia.
—¡Tienen que ver esto! —gritó, agitada.
José se levantó de inmediato, sin pensarlo dos veces. Algo en la voz de su hermana lo alarmaba. Valeria y Diego la siguieron, luchando contra el viento y la lluvia mientras corrían hacia el claro donde habían encontrado las ruinas el día anterior.
Al llegar, la escena era surrealista. El gran arco de piedra que había permanecido inerte hasta ese momento ahora brillaba con una luz tenue, pulsante, que atravesaba las enredaderas y el musgo que lo cubrían. Era como si algo dentro del arco estuviera despertando.
—¿Qué demonios está pasando? —preguntó Valeria, con los ojos muy abiertos.
—No lo sé, pero esto no es normal —respondió José, caminando lentamente hacia el arco.
La luz parecía intensificarse con cada paso que daba. A su alrededor, el viento rugía con más fuerza, y las sombras de los árboles parecían moverse de manera antinatural, como si algo estuviera tratando de abrirse paso hacia ellos.
—¡No te acerques tanto! —gritó Diego, nervioso.
Pero José no escuchaba. Algo lo atraía hacia el arco, una sensación profunda y desconocida. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, extendió la mano hacia la estructura, exactamente donde la había tocado el día anterior. Esta vez, la vibración que sintió fue mucho más fuerte. La luz dentro del arco brilló intensamente, cegándolo por un segundo.
—¡José, aléjate de ahí! —gritó Valeria.
Pero antes de que pudiera reaccionar, el suelo bajo sus pies comenzó a temblar, y la luz en el arco explotó en un destello cegador. El viento los envolvió, arrastrándolos hacia el centro del arco con una fuerza que ninguno de ellos pudo resistir.
José sintió que su cuerpo era succionado por una corriente invisible. Todo a su alrededor se volvió un torbellino de luces y sombras, mientras el ruido de la tormenta se desvanecía, reemplazado por un silencio absoluto. Intentó gritar, pero no pudo emitir ningún sonido. Sentía que caía, que flotaba, que atravesaba algo que no podía comprender.
Y entonces, todo se detuvo.
De repente, el viento y el ruido desaparecieron, y el grupo se encontró de pie, en un lugar completamente diferente. El suelo bajo ellos no era la tierra húmeda del Amazonas, sino una superficie extrañamente suave, como hierba esponjosa. José se enderezó lentamente, tratando de entender qué había pasado.
—¿Dónde estamos? —preguntó Camila, mirando a su alrededor con los ojos muy abiertos.
El paisaje que los rodeaba era absolutamente extraño. A primera vista, se parecía a la selva amazónica, con árboles gigantes y una vegetación exuberante, pero había algo en el aire, en la luz, que era diferente. El cielo tenía un tono violáceo, y el viento soplaba de una manera extrañamente armoniosa, como si todo el entorno estuviera en sintonía.
—Esto... esto no es el Amazonas —dijo Valeria, tratando de mantener la calma, aunque el miedo en su voz era evidente.
—Es imposible —murmuró Diego, mirando incrédulo a su alrededor—. Esto no tiene sentido.
José se acercó a un árbol cercano, tocando su tronco. La textura era familiar, pero al mismo tiempo diferente, como si todo lo que los rodeaba fuera una versión ligeramente alterada de la realidad que conocían.
—Es como si estuviéramos en otro lugar —dijo José, tratando de procesar lo que estaba sucediendo.
De repente, un suave sonido de pasos resonó en el aire. Todos se giraron al unísono, preparados para cualquier cosa, pero lo que vieron fue completamente inesperado. De entre los árboles emergió una figura alta y esbelta, un hombre de piel morena y cabellos largos, vestido con ropas hechas de hojas y corteza de árbol. Sus ojos eran profundos, casi hipnóticos, y su presencia irradiaba una calma que contrastaba con la confusión de los jóvenes.
—Bienvenidos a Viracocha —dijo el hombre, su voz resonando suavemente en el aire—. Los hemos estado esperando.
José y los demás se miraron entre sí, sin saber qué decir. ¿Viracocha? ¿Qué significaba eso? ¿Y quién era este hombre que hablaba como si supiera quiénes eran?
—¿Dónde estamos? —preguntó Valeria, rompiendo el silencio—. ¿Qué es este lugar?
El hombre les sonrió, aunque sus ojos transmitían una seriedad que hizo que el grupo se sintiera aún más intranquilo.
—Están en el mundo de Viracocha —explicó—. Un lugar más allá de su mundo, pero conectado con él. Y ustedes no han llegado aquí por casualidad.
José frunció el ceño, intentando entender lo que el hombre estaba diciendo.
—¿Nos trajiste aquí? —preguntó José, tratando de sonar firme.
El hombre negó con la cabeza.
—No, yo no los traje aquí. Pero el destino sí. Ustedes han sido elegidos, los Cuatro del Sol. Y su llegada marca el inicio de una nueva era.
—¿Elegidos? —preguntó Camila, incrédula—. No tenemos idea de lo que está pasando.
El hombre los miró con calma, como si supiera exactamente lo que estaban pensando.
—Todo será revelado a su debido tiempo. Pero por ahora, deben saber que están en peligro. Viracocha está al borde del colapso, y si eso sucede, ambos mundos sufrirán. Ustedes son la clave para restaurar el equilibrio.
Antes de que pudieran responder, el hombre les hizo un gesto para que lo siguieran.
—Vengan. Hay mucho que deben aprender, y poco tiempo para hacerlo.
Aún desconcertados, pero sin otra opción, José, Camila, Valeria y Diego lo siguieron, sabiendo que acababan de cruzar a un mundo completamente desconocido. Lo que antes era solo una leyenda sobre un portal en la selva amazónica, ahora se había convertido en su realidad.
Y aunque ninguno de ellos lo sabía en ese momento, su llegada a Viracocha marcaría el inicio de una aventura que cambiaría sus vidas para siempre.
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Los Guardianes del Amazonas
Fantasy"Cuando el destino del multiverso depende del equilibrio, solo los elegidos por los elementos podrán restaurar la vida." "Los Guardianes del Amazonas" es una novela de fantasía que sigue a cuatro adolescentes peruanos, José, Camila, Valeria y Diego...