Capitulo 7: Ajustes y Nuevas Dinámicas

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Los primeros días de Jimin en la pastelería fueron tranquilos, aunque cargados de una emoción contenida. Cada mañana, Yoongi lo llevaba temprano al trabajo y lo acompañaba durante el turno. Aunque Jimin todavía estaba aprendiendo las tareas básicas, como limpiar las mesas, organizar los ingredientes y ayudar con las preparaciones más simples, disfrutaba la sensación de ser parte de algo y, sobre todo, no depender completamente de Yoongi.

Sin embargo, no todo era fácil. La idea de mantener su verdadera identidad en secreto pesaba sobre él, sobre todo cada vez que veía a Jin y Namjoon tan relajados y amables con él. Aunque no preguntaban mucho sobre su pasado, confiaban en la versión de Yoongi de que Jimin era un amigo que necesitaba ayuda. Aun así, cada vez que Jimin se relajaba, sin querer, dejaba caer pequeñas plumitas amarillas, le costaba mantener la calma siempre fijándose a su alrededor para no dejar rastros de lo que en verdad era.

Una tarde, después de cerrar la tienda, Jimin y Yoongi se quedaron para limpiar los últimos restos de harina y azúcar del mostrador. Jin y Namjoon ya se habían ido, y el silencio entre ellos era cómodo, pero no duradero.

—Estás haciéndolo bien —dijo Yoongi de repente, su voz baja pero sincera.

Jimin, que estaba barriendo el suelo cerca del mostrador, lo miró sorprendido.

—¿En serio?

—Sí, Jin está contento. Y si él está contento, eso significa que lo estás haciendo bien —Yoongi sonrió con su típico aire despreocupado.

Jimin dejó la escoba a un lado, agradecido por el cumplido, pero también nervioso por algo que había estado rondando su mente.

—Yoongi… —comenzó con cautela—, ¿crees que algún día pueda decirles la verdad?

El ambiente en la sala pareció volverse más tenso de inmediato. Yoongi dejó de limpiar las mesas y se quedó quieto por un momento antes de responder.

—No es que no quiera ser honesto con ellos, Jimin —dijo Yoongi, girándose para mirarlo directamente—. Pero sabes cómo está la situación. No todo el mundo es… abierto de mente cuando se trata de híbridos.

Jimin asintió, aunque en el fondo se sintió ligeramente decepcionado. Sabía que Yoongi tenía razón. La sociedad los veía como aberraciones, algo que nunca debió existir, y aunque habían pasado años desde los incidentes que llevaron a casi la extinción de los híbridos, el miedo y el prejuicio seguían presentes.

—Lo sé —murmuró Jimin—. Es solo que… ellos han sido tan amables conmigo. No me gusta mentirles.

Yoongi se acercó, colocando una mano en el hombro de Jimin.

—Entiendo cómo te sientes, pero ahora mismo, lo más importante es tu seguridad. No sabemos cómo reaccionarán si les contamos la verdad, y no quiero arriesgarme a que te hagan daño o te rechacen. Cuando llegue el momento, lo hablaremos, ¿de acuerdo?

Jimin asintió nuevamente, aunque el peso en su pecho no desapareció por completo.

—De acuerdo.

Después de un rato, terminaron de limpiar y salieron de la pastelería. El aire fresco de la noche los envolvió, y caminaron juntos en silencio de vuelta al apartamento. A pesar de la conversación, Jimin se sentía agradecido por tener a Yoongi a su lado, alguien que lo entendía y lo protegía.

🍪

Los días siguieron su curso, y Jimin comenzó a ganar más confianza en su trabajo. Incluso Jin lo había notado y, un día, decidió darle una tarea un poco más complicada: ayudar a preparar algunas de las galletas que vendían en la pastelería.

—No es nada difícil —dijo Jin mientras le mostraba la receta—. Solo sigue las indicaciones al pie de la letra y no habrá problemas.

Jimin asintió, ansioso por probar. Lo que más le emocionaba no era solo el hecho de aprender algo nuevo, sino la posibilidad de que, por primera vez, estaba haciendo algo por su cuenta. Durante años había tenido que esconderse, vivir en las sombras, pero aquí, aunque fuera con una identidad falsa, estaba construyendo algo, aunque pequeño.

Yoongi lo observaba desde la distancia, vigilante pero sin intervenir. Estaba orgulloso de cómo Jimin se estaba desenvolviendo, y aunque aún se preocupaba por la seguridad de su amigo, estaba contento de verlo florecer poco a poco.

—¿Ya te está poniendo a hacer galletas? —comentó Yoongi en broma cuando pasó por la cocina—. Ten cuidado, Jin es muy exigente con eso.

Jimin sonrió, relajado por la broma.

—Lo sé, pero creo que puedo manejarlo. Es solo cuestión de seguir las instrucciones.

Yoongi asintió y siguió con su propio trabajo, pero no pudo evitar sentirse un poco más relajado al ver a Jimin tan adaptado. Cada día que pasaba, el híbrido parecía más seguro de sí mismo, más dispuesto a enfrentar el mundo, aunque todavía de manera cautelosa.

Un par de días después, mientras Jimin y Yoongi se preparaban para cerrar la pastelería, alguien entró por la puerta, justo antes de que pudieran girar la cerradura. Jimin, que estaba guardando las bandejas, levantó la vista y lo vio: era un chico alto, con un aire despreocupado y un rostro que, aunque no conocía, le resultaba extrañamente familiar.

—¡Taehyung! —exclamó Yoongi, sorprendido—. ¿Qué haces aquí tan tarde?

Taehyung, el hermano menor de Jin, sonrió ampliamente y se encogió de hombros.

—Pasaba por aquí y pensé en hacer una visita. Además, quería probar esos nuevos macarrones que Jin no deja de presumir.

Jimin observó en silencio mientras Yoongi y Taehyung conversaban. Aunque no había conocido al chico antes, algo en su energía relajada y amistosa le resultaba reconfortante. Cuando Taehyung finalmente lo notó, le dedicó una sonrisa curiosa.

—¿Y tú eres…?

—Oh, claro, lo siento —dijo Yoongi rápidamente—. Taehyung, este es Jimin, un viejo amigo mío. Está ayudando en la pastelería por un tiempo.

—¡Encantado! —dijo Taehyung, extendiendo la mano hacia Jimin—. Si eres amigo de Yoongi, seguro tienes mucha paciencia.

Jimin rió, estrechando la mano de Taehyung.

—Lo intento —respondió, aliviado de que Taehyung fuera tan fácil de tratar.

—Bueno, supongo que nos veremos más los fines de semana. —Taehyung le guiñó un ojo—. Yo trabajo aquí cuando no estoy en la universidad, así que podremos conocernos mejor.

Jimin asintió, agradecido de que poco a poco, su círculo se estuviera expandiendo. Aunque aún no podía ser completamente honesto sobre quién era, sentía que estaba encontrando su lugar, y tal vez, con el tiempo, podría ser más abierto con las personas que lo rodeaban.

Pollito [ YM ]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora