Recuerdo la primera vez que lo ví, mi luz apenas comenzaba a nacer, a ser parte de la galaxia, era como si ambos fuéramos hechos el uno para el otro desde el inicio de la creación, aunque suene loco decirlo.
Esa noche estaba dando sus primeros pasos, con su madre al lado siempre, ambos no tenían dónde dormir, ni qué comer, y aún así se veían felices bajo el cielo repleto de estrellas, y entre ellas, estaba yo, admirando aquella escena.
Era sólo un bebé, un precioso bebé.
Y en sus ojos, estaba mi reflejo.
Era mi alma gemela.
El amor de mi eternidad.
En aquellos años la tecnología no existía, por lo cual la vida era mucho más sana, pero los humanos no apreciaban ello, no apreciaban a la naturaleza que muy pronto se vería en peligro, no apreciaban el aire fresco y puro que pronto sería extinguido para transformarlo en aire contaminado.
Jeon Jungkook, el nombre del bebé, me miró fijamente, su atención fue puesta en mí, y en su pequeña inocencia, me sonrió, sus ojitos brillaron al igual que su sonrisa, y la madre observó al cielo, buscando qué era a lo que Jungkook lo sonreía, sin saber que se trataba de una estrella que los cuidaría para toda la eternidad.
Cuando él cumplió 10 años bajé a conocerlo, se me concedió el deseo de tener forma humana hasta cierto tiempo, mi tiempo junto a él fue hermoso e inolvidable, la primera vez que intercambiamos palabras, ese fue el mejor momento que haya podido vivir en mi larga e infinita vida.
Y cuando mi tiempo llegó a su límite, morí, morí en forma humana y regresé al firmamento, sus ojos estaban tristes y sin brillo, me extrañaba, y con mi corazón destrozado lo observaba cada noche llorando por mi muerte, sin saber que yo seguía ahí con él.
Mi constelación se convirtió en la más importante de la galaxia, y la más hermosa, por lo que utilicé eso a mi favor y pedí un deseo que sería eterno. Mi deseo fue aceptado, el cual era que en cada vida de Jeon Jungkook, me dejarían bajar y estar con él por un lapso de tiempo, desgraciadamente eso conllevaba a que él me viera morir una y otra vez, y únicamente podría estar con él cuando aún fuera un niño, así al crecer él me olvidaría y haría su vida con alguien más.
Pero me cansé de eso, me cansé de que, a pesar de ser una estrella, no me otorgaran la posibilidad de ser feliz, sólo me daban deseos, pero siempre daba algo a cambio; mi vida se reducía cada vez que bajaba a la tierra.
Yo amaba ser una estrella hasta que lo conocí, ahora me había enamorado y no sólo quería iluminar su camino cada noche, sino también quería ser el dueño de su amor como él lo era del mío. Y por ello di toda mi vida a cambio de poder vivir una sola vida completa con él, y arrastré a mi hermano a esto. Él se había enamorado de un chico en sus años, cuando aún era un humano, cuando mi destino era cuidar de esa familia aunque no pudiera alterar el futuro que les deparaba.
Con todo mi dolor lo ayudé a bajar a la tierra junto a mi para también dar su vida a cambio de vivir una sola con Namjoon.
Éramos estrellas, las estrellas no deben sentir amor así como los ángeles tampoco pueden, somos seres para mantener vivo a todo lo que existe, nosotros somos la creación que cuida de otras creaciones, pero no se nos permite hacer algo más, no se nos permite ser libres.
Y en este encuentro apareció cierto pálido al cual yo quería y envidiaba mucho, Min Yoongi.
Él había estado en cada vida haciendo feliz a Jungkook, ellos siempre terminaban juntos al final, mientras yo los veía siendo felices desde la galaxia, aunque él cambiaba de cuerpo en cada vida, su alma era la misma, y yo podía ver eso.
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Avenida 87
FanfictionCalle en donde los miedos no son impedimentos para dejar de seguir las estrellas. Ambos sabemos que nada de esto es real, pero qué importa la verdad si la mentira es tan maravillosa como la verdad en tus ojos. Soy alguien, alguien que le gusta admir...
