La navidad llega al Museo Británico, animando a las esculturas y pinturas, quienes están felices de celebrar su primera fiesta "vivos". Ahkmenrah es el más animado, disfrutando de esos momentos desde que estaba en el Museo de historia natural. Por eso es quien se encarga de organizar todo, disfrutando ver a los demás divertirse.
—Principe. —reconociendo la voz de la única persona que se dirige a él con títulos, Ahkmenrah se gira para ver a Lancelot detrás de él, sorprendiendolo cuando se arrodilla en una pierna para luego ofrecerle una mano. —¿Me concede un baile? —pide. Y aunque se ve seguro con lo que hace, todo en su interior tiembla.
A Lancelot le gusta Ahkmenrah, le gusta mucho. Todo comenzó por todo el tiempo que pasaban juntos al proclamarse su guardia personal. Y Tilly fue la primera en notar los nuevos sentimientos del caballero, quien en realidad no era para nada sutil. Sólo Ahkmenrah no notaba la forma en que le miraba o hablaba con él en comparación con el resto.
Por eso, cuando Ahkmenrah fue con Tilly para pedirle permiso sobre la fiesta, ella pensó que sería el momento indicado para que Lancelot intentara un movimiento.
Cuando la fiesta se animó lo suficiente, encontró al caballero observando al faraón a la distancia, sonriendo como bobo en lugar de acercarse. Exasperada, se acercó para empujarlo fuera de su escondite, indicandole que invitara a bailar a Ahkmenrah. Lancelot hizo un pequeño escándalo sobre ser "inapropiado", pero Tilly le convenció cuando sugirió que a Ahkmenrah podría gustarle (que estaba esperando) que le invitara a bailar.
La verdad, ella no estaba segura de si a Ahkmenrah le gustaba Lancelot, pero debía gustarle al menos lo suficiente para soportar a alguien como él. Y si no, entonces tendría que consolar a un rubio demasiado engreído.
Compartiendo unas miradas con las estatuas ahora detrás de él, estas animan a Ahkmenrah a aceptar. Todos allí sabían que al faraón egipcio le gustaba el ruidoso caballero de melena rubia. Siempre les veían andar por el museo, sonriendo de manera dulce sólo en presencia del otro, platicando desde que se veían hasta que se debían despedir.
Ambos eran tan obvios para todo el museo.
—Sí. —Ahkmenrah entonces acepta la mano enguantada de Lancelot, quien de inmediato se levanta con una enorme sonrisa. —¿Guías los pasos?
—Por supuesto, su majestad. —Lancelot hace una pequeña reverencia antes de caminar al centro del baile, haciendo espacio entre los demás.
Cuando Tilly los ve, de inmediato corre y cambia la canción navideña que estaba sonando por una lenta del mismo estilo festivo.
—No estés nervioso. —Ahkmenrah le dice al caballero cuando le ve dudar dónde poner las manos. —Sabes bailar ¿Cierto?
—Sí. —Lancelot está tan nervioso que es lo único que puede decir, permitiendo que Ahkmenrah guíe una de sus manos a su cintura descubierta. Siempre quiso tocarla, sostenerla, sentir el calor de su piel. Maldecía tener guantes en ese momento.
—Lance —Ahkmenrah le llama. —Debes comenzar a moverte. —dice con una sonrisa llena de burla que el caballero nota cuando alza la mirada de su mano en la cintura del príncipe de Egipto.
—Si, lo siento. —el rubio dice lleno de vergüenza, obedeciendo con algo de duda antes de tomar confianza en sus pasos. Debía demostrarle a Ahkmenrah que no era tan torpe o estúpido como el resto creía que era. Al menos, sabía bailar.
Ahkmenrah acepta que lo hace bastante bien, siguiendo el ritmo de la canción, disfrutando de ese pequeño momento con Lancelot. Lucia concentrado mientras bailaba, tomándose aquello tan en serio. Eso le causa a Ahkmenrah un sentimiento de ternura.
Le gustaba mucho Lancelot, pero no sabía si sus sentimientos podrían ser correspondidos siendo el caballero tan "correcto" o "anticuado" con algunas cosas.
Sin embargo, invitarlo a bailar... ¿significaba algo?
—¿Por qué me has invitado a bailar? —Ahkmerah dice cuando regresa a las manos de Lacelot luego de una vuelta.
—¿He sido irrespetuoso al hacerlo? —el caballero evita responder directamente.
—Para nada. —el faraón dice. —No te he rechazado.
—¿Por qué? —el rubio ahora pregunta.
—Porque quería bailar contigo. —atreviendose a unir más sus cuerpos, Ahkmenrah pasa sus brazos por sobre los hombros de Lancelot, abrazandose a su cuello. Ahora sólo se están bamboleando suavemente de un lado a otro.
Lancelot se sorprende por la acción de Ahkmenrah, pero no se separa ni un centímetro. En su lugar, sus manos se aferran suavemente a la cintura del príncipe, queriendo memorizar la curva natural de su cuerpo.
—¿Por qué? —Lancelot vuelve a preguntar.
Y Ahkmenrah sonríe, sabiendo que si quería avanzar en todo aquello, debia dar el primer paso para eso.
—Porque me gustas. —confiesa en el momento exacto en que la canción se detiene, así que ellos también lo hacen, pero no se separan ni un centímetro. Lancelot está demasiado sorprendido, observando a Ahkmenrah como si le hubiera hablado en su lengua natal en lugar de español. —¿No vas a decir nada?
Ante la pregunta, el caballero regresa en si. —¡También me gustas! —reacciona de manera escandalosa, llamando la atención de todos. Y por la felicidad que le invade, alza a Ahkmenrah para darle una vuelta, riendo de alegría. ¡No podía creerlo!
Regresando al príncipe a su lugar, Lancelot no sabe qué decir, sólo puede ver a Ahkmenrah mientras ambos sonríen como dos tontos enamorados.
Entonces, un silbido les llama la atención. Girando en dirección de donde vino el ruido, ambos se dan cuenta de que fue Tilly, quien lanza algo que Lancelot atrapa. Cuando abre la mano, ambos hombres sonríen cuando se ven. —Es muérdago. —dice Lancelot.
—¿Sabes lo que significaba? —Ahkmenrah sonríe.
—Sí. —el caballero, alzando una mano para apoyarla con delicadeza sobre la mejilla del egipcio frente a él, le mira con adoración antes de preguntar si puede besarlo.
—Sería de mala suerte no cumplir una tradición navideña tan importante.
Y sin que Lancelot se lo espere, es Ahkmenrah quien acorta el espacio entre ellos uniendo sus labios.
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