XXII

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   Buscando entre los pasillos, Ahkmenrah no es específicamente silencioso, tintineando por el oro en sus prendas. Se asoma en cada exhibición con una sonrisa que brilla más que la plata recién pulida, emocionado ante la anticipación. —Te encontré. —dice cuando encuentra lo que estaba buscando.

En el baño, frente al espejo, Lacelot intenta (por décima vez) arreglar su nariz. ¡Pero era tan difícil! No importaba lo que hiciera, parecía quedar peor. Y nadie parecía querer ayudarlo.

—¡Príncipe! —se sobresalta cuando ve a Ahkmenrah acercarse hasta él, apresurandose a hacer una reverencia.

—Nada de eso es necesario, Lance —la sonrisa de Ahkmenrah se tuerce un poco, pero pronuncia el nombre del caballero de manera amistosa, como si siempre hubieran sido amigos. 

—Mi nombre es Lancelot, su alteza —aún sin enderezarse, el rubio corrige educadamente, pensando que el príncipe se había equivocado.

—Lo sé. —el egipcio rie sutilmente. —Vamos, enderezate. —pide, pero Lancelot se niega a hacerlo, dudando incluso antes de dar una explicación.

—Mi rostro no es digno de ser mostrado ante alguien como usted —el caballero dice con vergüenza.

—No digas tonterías. —acercándose un paso más, Ahkmenrah coloca sus manos sobre los hombros del hombre rubio, haciendo que se enderece —Si no veo tu rostro ¿cómo lo arreglaré?

—¿Qué? —oculta su nariz detrás de su mano, la mirada asombrada de Lancelot es apreciada por el hombre frente a él, quien no ha parado de sonreírle desde que lo encontró —¿Puede hacer eso?

—Por supuesto —la confianza se refleja en la mirada brillante de Ahkmenrah.

—¿Cómo?

—Con esto. —alzando la mano, el egipcio muestra un encendedor —No tengas miedo, confía en mí.

Lancelot ve el fuego que sale del pequeño aparato en la mano del príncipe, dudando por un segundo. No conocía a Ahkmenrah más allá de su título, su primer encuentro no fue exactamente grato. Por un momento perdió la cabeza, casi causando la muerte del noble frente a él. ¿Realmente podía confiar? ¿No sería, acaso, una venganza en realidad?

—Lo haré. —sin embargo, era el primero que se acercaba a él, que mostraba interes por ayudarlo. —¿Qué debo hacer?

—Primero... ¿Me permites? —Ahkmenrah señala el cabello de Lancelot, largo y rubio, tan perfecto. —Si acerco el fuego a tu cabello será un desastre.

—Por supuesto... Yo —de forma torpe, con una mano, Lancelot intenta peinar su cabello, pero no logra apartarlo correctamente. Eso causa que Ahkmenrah se ría, lo que detiene al caballero, quien de repente se siente avergonzado. 

—Yo lo hago —Ahkmenrah rodea a Lancelot hasta quedar detrás de él, tomando ambos lados de su cabello hasta tenerlo todo hacia atrás, amarrandolo con una liga que Tilly le prestó al igual que el encendedor. Lancelot siente que vuelve a convertirse en una estatua de cera, congelandose ante el gentil acto de Ahkmenrah, siendo tan delicado al tomar su cabello para peinarlo hacia atrás. —¡Listo! —luego de un rato, Ahkmenrah incluso ha arreglado su nariz. —¿Es igual a antes?

Girando para ver su reflejo en el espejo, Lacelot queda asombrado por el resultado del arduo trabajo de Ahkmenrah, quien fue tan cuidadoso al moldear nuevamente su nariz. —Es perfecta —dice con alegría. Realmente pensó que nunca podría volver a verse bien. —¡Gracias! —la emoción lo invade, girando hacia el príncipe para abrazarlo sin pensar. —Oh, mis disculpas, fui-

Luego, se da cuenta de su acción, inmediatamente asustandose, lo que hace que suelte a Ahkmenrah.

—No te preocupes. —acercandose el paso que Lancelot se apartó, Ahkmenrah le sonríe de una manera que para él caballero se siente nueva. Existe algo brillante en la mirada del príncipe que le hace sentir nervioso, notando como se acerca un poco más. Ninguno aparta la mirada del otro, siendo rodeados por el repentino silencio del baño. Entonces, Ahkmenrah se inclina más cerca, demasiado cerca, haciendo que Lancelot cierre los ojos de manera mecánica. Su corazón late ansioso, torpe, esperando algo que no llega.

En lugar de un beso, Lancelot siente como Ahkmenrah desata su cabello, mirándolo ahora con sorpresa. —Ya no tienes que andar ocultándote —el príncipe dice con gentileza mientras pasa sus dedos por el cabello rubio de Lancelot, peinandolo con bastante atención.

—Si —Lancelot pronuncia a medias, perdido en la belleza de Ahkmenrah, la cual ahora nota con más detalle.

Con una última sonrisa amable, Ahkmenrah se separa, despidiéndose de Lancelot antes de salir del baño. Observando la puerta un poco más, Lacelot siente que a perdido el aire. La sensación fantasma de los dedos de Ahkmenrah pasar por su cabello aún persiste, haciendo que lleve su propia mano a la cabeza. Fue un gesto agradable, pero... Lancelot realmente pensó que lo besaría.

Avergonzado, lleva sus manos al rostro. Ahkmenrah era amable, además de ser un hombre guapo, era normal que encantara a cualquiera. Incluso a él. Se preguntaba... si era consciente de su atractivo.

O.S 🌸 [Ahkmelot]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora