Finalmente había llegado el día, la familia de la Arena debía regresar a sus tierras, y con ello se desató en Konoha una atmósfera de incertidumbre y curiosidad. La brisa fresca agitaba las hojas de los árboles, como si toda la aldea contuviera la respiración, esperando el desenlace de lo que estaba por ocurrir.
Naruko se mantenía erguida en la sala de reuniones del Hokage, sus puños cerrados con fuerza mientras su mirada pasaba de un rostro al otro. A su lado, Gaara permanecía aparentemente sereno, los brazos cruzados, la mandíbula tensa... pero ella lo conocía demasiado bien. Sabía que bajo esa calma se ocultaba la rabia y la desesperación. Y eso solo la hacía sentir más decidida a luchar.
Los kages y consejeros susurraban entre sí, lanzando miradas cargadas de sospecha. Todo se había descontrolado desde que se planteó la posibilidad de que el hijo primogénito de Gaara y Naruko fuera una amenaza.
—Estamos reunidos para forzar el tema de su primogénito —gruñó uno de los ancianos—. Ese niño lleva una herencia de odio en sus venas y creemos que es una amenaza para la paz.
El silencio cayó como un martillo. Naruko sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero no era miedo: era indignación pura.
Gaara entrecerró los ojos, y Naruko dio un paso adelante, su voz firme resonó en la sala.
—¿Amenaza? —espetó—. Mi hijo no es una maldición. Es un muchacho noble que ha crecido rodeado de amor y respeto. Si quieren señalar a alguien, señalen a quienes aún no son capaces de dejar atrás el pasado-ttebayo.
Los ancianos replicaron, recordando viejas historias de los Uchiha. Pero Naruko los cortó, su mirada ardiendo:
—Curioso... no veo que nadie cuestione a la hija de Sasuke y Sakura. ¿Por qué mi hijo sí y ella no? —su ceja se arqueó, desafiante.
—Es mujer.
Gaara no habló de inmediato, pero su sola presencia era un muro. Cuando por fin lo hizo, su voz calmada heló la sala.
—He escuchado suficiente —dijo, sus ojos aguamarina brillando con dureza—. Mi hijo Isamu no será juzgado por un linaje que no eligió. Sunagakure le dio un hogar libre de prejuicios, y aquí lo defenderemos igual. Si alguien se atreve a señalarlo como una amenaza, lo consideraré un enemigo de mi aldea sin importar los tratados.
Naruko sintió un nudo en la garganta, no de miedo, sino de orgullo. Sin pensarlo, entrelazó su mano con la de Gaara. Ese gesto silencioso, fuerte, hizo que más de un consejero desviara la vista.
—Isamu es nuestro hijo —añadió ella con firmeza—. Y nadie, absolutamente nadie, lo apartará de nuestro camino.
Naruto sonrió con orgullo, apoyando las palabras de ambos.
—Exactamente. Juzgaremos a las personas por sus actos, no por su sangre. Isamu no es un peligro. El peligro está en quienes aún creen que el odio se hereda. Verdad?
El silencio reinó. La autoridad de Gaara y Naruko juntos era imposible de quebrar.
Naruko, aún aferrada a la mano de su esposo, alzó la voz con ironía:
—Entonces, ¿podemos dar por terminada esta absurda reunión?
El Hokage asintió. La tensión se disipó poco a poco, aunque todos sabían que aquella discusión quedaría marcada.
Gaara inclinó apenas la cabeza hacia Naruko, sus dedos apretando los de ella. Una promesa silenciosa brillaba en sus ojos: jamás permitiría que nada ni nadie tocara a su familia.
ESTÁS LEYENDO
愛 | Gaara
Ficção Científica«Nunca me arrepentiria si es contigo» Acompáñalos en esta travesía llena de AMOR, amistad y redención, donde cada decisión tomo un diferente rumbo de sus vidas ocasionando que dos almas gemelas se ayuden en una etapa complicada. ¡No te pierdas esta...
