Monterrey - México
Estiró el brazo hasta alcanzar su bolso, el cual había arrojado al asiento trasero al salir de su casa.
—Me pone nerviosa hacer esto— admitió su hermana, mirándola desde el asiento de copiloto en el auto.
—No exageres— respondió Ari, hurgando en el bolso hasta asegurarse de que su celular estuviera dentro, volviendo a cerrarlo antes de mirar a su hermana —. A ver, ¿qué es lo que te pone nerviosa exactamente?
—Que Rivers no ha sido ella misma por completo desde que... bueno, lo que pasó— Ama suspiró —. Solamente no quiero que ella nos vea como una amenaza en lugar de como una ayuda.
—Ama, es nuestra mejor amiga de la que estamos hablando— Ari la miró a los ojos —. Aunque ella nos jure mil veces que todo está bien, tú y yo siempre sabremos la verdad. Incluso antes de que ella misma lo sepa. Y no podemos dejarla sola.
—Tienes razón— asintió la mayor, respirando hondo —. ¿Ya tienes tus cosas?
—Ya, vamos.
Ambas salieron del coche, escuchando la alarma activarse a sus espaldas mientras entraban en el elevador. Ari marcó el piso, y mientras esperaban, se mantuvieron en silencio. Ama no era la única nerviosa. Como ella bien había dicho, las cosas parecían haber ido en picada durante los últimos meses, aunque Rivers se esforzaba por recalcarles que todo se encontraba bien. Cada vez la veían menos. Cada vez las apartaba más. Era como verla hundirse lenta y silenciosamente. Su confusión aumentó cuando al llegar al nivel correcto, se acercaron a la puerta del apartamento viéndola entrecerrada. Ari dio una mirada a Ama, quien parecía tan desconcertada como ella. Empujó la puerta despacio, entrando en la oscuridad del apartamento. Al fondo, la luz de las ventanas en la estancia brindaba la iluminación suficiente para notar el desorden. Habían contenedores vacíos de comida esparcidos por todas las superficies visibles; la barra, la mesa de centro, el comedor. Documentos sobre el suelo, algunas prendas de ropa.
—Rivers— llamó Ari, encendiendo la luz de la sala tras haber escuchado a su hermana cerrar la puerta principal tras ellas.
Rivers salió de su habitación, mirándolas con una mezcla de confusión y molestia.
—¿Qué hacen aquí?— inquirió, sintiendo su enfurecimiento crecer al verlas observar el lugar —. ¿Cómo entraron?
—Estaba abierto— respondió Ari dejando su bolso en un espacio libre en el sillón, acercándose a ella y haciendo el amago de abrazarla, hasta que la rubia se apartó.
—¿Y por eso entraron sin avisar?— Rivers las miró a ambas.
Debajo de los joggers y la holgada camiseta negra, Rivers había perdido peso. En el color amarillo de su piel ellas pudieron notar lo poco que era verdad cuando ella juraba que todo se encontraba bien.
—Estamos preocupadas por ti— Ama se acercó, colocándose junto a Ari, quien aún parecía herida tras haberla visto alejarse de su contacto —. Nunca quieres vernos y pensamos que sería más fácil venir hasta aquí.
—Bueno, me vieron. Ahora pueden irse— la rubia se cruzó de brazos.
—Rivers, no estás bien— Ari sintió su corazón estrecharse al ver las marcas rojizas del llanto alrededor de su nariz. Debajo de su fachada, podían percibir el dolor que emanaba de ella —. Déjanos ayudarte.
—No necesito su ayuda— respondió Rivers exasperada —. ¿Qué parte no entienden? No necesito la puta ayuda de nadie. Lo que necesito es que me dejen en paz.
—¿Estás bien?— repitió Ama, y se volvió, tomando uno de los contenedores vacíos de comida rápida para levantarlo frente a ella —. Ni siquiera haces el intento por recoger tu propio departamento. Estás tan delgada que parece que no comes en días. No respondes mensajes, ni llamadas. Prendes stream dos veces por semana cuando antes no podías soportar fallarles un sólo día. La cosa que más feliz te ha hecho, la dejaste. Dime, ¿en verdad piensas que eso es estar bien?
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Fachada | Rivers GG
Fanfiction¿Hasta cuándo puedes fingir amor antes de que se vuelva real? Enamorarse frente a los ojos de todo el mundo nunca había sonado como una buena idea. «Deja que te muestre lo que se siente sentirse amada de verdad» ---------------- Samantha Rivera x L...