CAPÍTULO 26 - Escuadrón Cupido

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Los Ángeles - Estados Unidos

Leche.
Huevos.
Muslos de pollo.
Agua embotellada.

Alternó la mirada entre la lista y el carrito de compras, verificando que llevara todo. Una vez se aseguró de que no hiciera falta nada, arrugó la hoja de papel metiéndola en el bolsillo de su chaqueta y empujó el carrito hacia el área de cajas. Había tanta gente en el supermercado que las filas de todas las cajas operacionales llegaban hasta los pasillos de jardinería. La maldita época navideña. Lauren suspiró, formándose detrás de una señora de cabello cano y estatura baja, quien vestía con un abrigo tejido y le pedía a su nieto que dejara de colgarse del carrito.

Mientras esperaba, sacó su celular, desbloqueándolo para entrar a twitter. Desde la tarde del día anterior en donde había decidido activar su cuenta de twitch nuevamente, la gente no había parado de hablar sobre el stream, consiguiendo que su nombre se volviera trending a nivel mundial. Como era de esperar, el público estaba dividido en dos partes; aquellos que se empeñaban en recordarle a la gente que tanto ella como Rivers no eran más que mentirosas interesadas, y aquellos quienes las defendían culpando de todo a las marcas y sus asquerosos contratos.

A medida que deslizaba, hubo un video que la hizo detenerse a mirar. Alguien había publicado un edit que se hizo popular en tiktok.

@rainbow.shadow: Me rompe el corazón ver lo mucho que cambiaron las cosas en tan poco tiempo. Ojalá algún día volvamos a verlas juntas.

En el video que adjuntó se reproducía la canción wildflower de Billie mientras una secuencia de clips corrían en la pantalla bajo efectos. Clips de su stream del día anterior, en los que habían tomado los momentos que parecía seria y ausente. Clips de un stream reciente de Rivers, en donde la enfocaban de la misma manera. Y, finalmente, venía el coro de la canción.

i should put it all behind me, shouldn't i?
but i see her in the back of my mind

En una transición corta de gota de agua, los clips tristes en blanco y negro habían sido sustituidos por nítidos y cálidos colores del stream en donde ambas abrían los regalos de sus seguidores entre risas, miradas ocasionales y roces accidentales de manos.

Lauren apretó la mordida, bloqueando el celular de nuevo, y al levantar la mirada se dio cuenta de que se había abierto un espacio entre ella y la señora que iba delante. Había estado tan distraída en su celular que no se percató de que una chica de lacio cabello castaño se había colado en la fila.

—Hey— llamó a la chica, empujando el carrito para avanzar —. ¿Qué no ves que estamos formados?

—No es mi culpa que tu teléfono sea más interesante que prestar atención a...— la chica se interrumpió al darse la vuelta y reconocerla. Lauren frunció el ceño. Había algo bajo los lentes de sol y el gorro de lana que le resultaba familiar.

—Camila— susurró al reconocerla, sintiendo su cuerpo volverse frío.

Camila la miró en silencio un par de segundos antes de salir de la fila. Esta dejó sobre una estantería de dulces la botella de agua mineral por la que se había formado, dirigiéndose a la salida. Lauren vaciló un instante, finalmente dejando el carrito de lado para seguirla hasta que atravesaron las puertas automáticas de aluminio y pudo alcanzarla lo suficiente para sujetar su brazo, haciendo que se girara.

—Suéltame, Lauren— Camila se quitó los lentes de sol, que más que para protegerse de la luz, le servían para pasar desapercibida. Definitivamente el clima en Los Ángeles durante esa época del año no ameritaba utilizar lentes oscuros.

Fachada | Rivers GGDonde viven las historias. Descúbrelo ahora