Es hora de que guíe el corazón

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Comencé a sentirme tan cansada que ni siquiera me puse pijama, me acosté debajo de las tapas y me dormí profundamente.

Desperté casi a mediodía, a esta hora no hay nadie en casa, así que bajé con la misma ropa con la que dormí por algo de comida... cuando abro la puerta de mi cuarto siento un aroma delicioso que proviene de la cocina... Debe ser mamá que no fue a trabajar para cuidarme.

Voy entrando a la cocina cuando me paro abruptamente, no es mamá si no Mariano cocinando está de espaldas a mí así que salgo e intento subir pero su voz me hace detener.

-Ya te sentí, no te escondas- Diablos, ni siquiera me vi en el espejo... Debo estar hecha un asco. De mi boca sale un gruñido para que sepa que lo escuché.

- Déjate de regañar y ven a comer algo, llevas horas en ayuno... recuerda lo que dijo el doctor.- Sentí su mirada fija en mí, ahora era yo quien le daba la espalda.

- Está bien, subo por mi teléfono y bajo enseguida.- No voltee a mirarlo, subí las escaleras rápidamente y me encerré en mi cuarto. Busqué mi teléfono y le marqué a mamá, después de varios tonos me contestó.

- Chloé, ¿Pasa algo?

- Sí, ¿Qué hace Mariano en la casa?

- Bueno... él se ofreció ayer a cuidarte, no pensé que te molestaría.

- No, no es que me moleste... es sólo que podrían haberme avisado por lo menos... imagínate si me hubiese dado por andar desnuda en la casa sin saber que él estaba acá.- ya, sé que exagero y mi madre también puede reconocerlo ya que me dice:

-Hija, primero tu jamás sales de tu cuarto desnuda, segundo te dejé una nota en tu velador avisándote y tercero... deja de preocuparte y comienza a sentir, a veces nuestro mejor guía es el corazón.- Quedé en shock mi madre debe haber notado algo de lo que pasaba entre Mariano y yo.

- Mamá, ya hablaremos de eso... me tengo que vestir.

- Está bien corazón, disfruta tu día con el enfermero que te dejé.- colgué sintiendo las carcajadas de mamá.

Corrí al baño a sacarme aunque sea el maquillaje, lave mi cara y me peine un poco... ya habría tiempo para una ducha. Me cambié ropa rápidamente y bajé.

- Estaba por subir a buscarte, buenos días preciosas- Se acerca y besa mi frente y mi vientre a modo de saludo.

- Buenos días, ¿Qué haces aquí?- pregunté un poco brusca

- Vine a cuidarlas, ¿Despertaste mañosa?, si es así no pienso darte el maravilloso chocolate caliente que preparé- ¡chantajista!, como negarme un chocolate caliente a mí, una mujer embarazada muy hambrienta.

- Eso no es justo, no te das cuenta que estoy embarazada y muy hambrienta... no me puedes negar chocolate caliente- le comenté poniendo cara de pena. El comenzó a reírse y me abrazó, luego dijo:

- Jamás le negaría algo a ustedes- Dijo mirándome a los ojos, Dios este hombre me podría derretir en un segundo.

Me hizo sentarme en un taburete de la cocina y acercó a mí una taza de chocolate caliente y una dona bañada de chocolate. Se sentó a mi lado y se sirvió lo mismo.

- Dios, Sophie estará hiperactiva todo el día... Pero lo amo, gracias- sonreí amablemente, Mariano se echa a reír y dice:

- Sí, es cierto... lo siento no pensé en eso.

- No te preocupes, ¡amo el chocolate!- Mariano comenzó a reírse, no sé por qué lo hacía así que lo miré interrogante.

- No me mires así, es sólo que creo que andabas mañosa porque tenías hambre... Lo tendré en cuenta para la próxima vez que te visite "temprano".- Creo que el color llegó a mi rostro.

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