Familia

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Luisita había llegado a su casa y al entrar se encontró a Carola y su madre sentadas muy concentradas haciendo los deberes de la pequeña.

- Donde están las dos mujeres de mi vida?

- Aquí!!!!! Gritaron las dos al mismo tiempo, la cara de la rubia era digna de admiración, la perfecta sonrisa mirando lo que había cambiado su vida gracias a las dos personas que tenía delante.

La rubia era feliz, feliz de haber terminado con aquella ya lejana relación con su ex y aceptar todo lo que los demás le venían diciendo desde un tiempo atras.

Algunas noches se pellizcaba para comprobar que realmente no era un sueño.

Observaba a su lado y el ver a madre e hija mirándola, era como estar sentada al lado del sol esperando el momento exacto en el que apareciera la luna, para poder admirar su belleza tan solo un instante, que confundido estaba el sol, es cierto, la luna es preciosa pero nada comparado con las morenas que ella tenía a su lado, pero en algo si estaba desacuerdo con el, ella podría esperar cada día, cada hora, cada minuto, cada instante para tan solo admirar a aquella mujer que con su bello cuerpo le había robado cada sentido, para lo que jamás podría esperar es para admirar el alma de Amelia, alma que se coló tan dentro de Luisita que ya formaba parte de ella... Definitivamente estaba descubriendo lo que era el amor verdadero, lo que era amar y ser amada y tenía la inmensa suerte de ser amada por partida doble, la mamá y la hija.

-Rubia? Amor? Que te pasa? Te has quedado embobada.

-No amor, es solo que veo la felicidad en ustedes.

Las mujeres junto a su hija se sentaron en la mesa, entre las tres hicieron las tareas que le faltaban a la pequeña por hacer.

Amelia se quedaba admirando como su hija y la rubia se compenetraban, le explotaba el corazón cada vez que Carola llamaba MAMA a la locutora y al contrario también.

En ese momento sonó el timbre de la casa, las dos adultas se miraron pues no esperaban a nadie, la rubia abrió la puerta tras ver a su hermana por la mirilla.

- Hola hermanita

-Tiaaaa, corrió la pequeña a los brazos de la mujer, dándole está un montón de besos a la pequeña por toda la cara mientras la niña reia con ganas y pidiéndole que la pusiera en el suelo.

-Maria, ha pasado algo?

-Como que si pasa algo?, Luisi estás tan embobada con todo que se te ha olvidado tu propio cumpleaños? La rubia no sabía donde meterse, los ojos se le abrieron tanto que pensaba que se saldrían de su orvitas.

-Como que estu cumpleaños?, la cara de la morena era digna de ver, en serio cariño es tu cumple y no me has dicho nada?

En cambio la pequeña salió corriendo hacia la locutora para felicitarla, Mami felicidades!!!!

-Hermana lo siento, creia que mi cuñada sabia la fecha de tu cumpleaños.

-Maria, sabes que no me gusta celebrarlo, que para mí es un día normal.

-Como que un día normal? Amor es tu cumple, que es eso de que no te gusta celebrarlo?

-No pasa nada Amelia, es un día más, no tiene nada de importancia.

Amelia miraba a la rubia y después a su cuñada quien le hacía señales para explicarle el porque, lo que a la morena no le entraba era que no hubiesen hablado de ese tema, habiendo dado pasos tan grandes como el que su hija la llamará mamá.

La pequeña había salido corriendo para su habitación, no tenía un regalo para Luisi, decidió hacerle un dibujo para recompensarla.

María se quedó a solas con la cuñada intentando explicarle a la morena que toda la culpa la tenía Marina, que aunque la rubia había superado tantas cosas que le hizo su ex esto parecía no haberlo logrado.

el sonido de una risaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora