Cap. 07

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Hayle terminó de arreglarse y observó en el espejo como el corte "A" de su vestido de flores rosas y blancas realzaba su cintura y entallaba sus pechos. Mordió su labio repasando su lista mental de cosas por hacer.

Salió de su cuarto con un bolso Chanel 2.55 en color rosa y las maletas listas para emprender el viaje a Londres.

Después de un largo rato esperando a su hermana, decidió ir a buscarla a su departamento, seguramente se había quedado dormida y esa era una de las cosas que más detestaba de ella. La irresponsabilidad tenía nombre y apellido: Hairen Rivadelli.

Al llegar al apartamento y tocar varias veces el timbre sin respuesta alguna, entró con la llave de la maceta. Se encontró con el lugar completamente desordenado, con ropa en el piso y envolturas de comida en la mesa pero sin rastros de su hermana.

Su preocupación comenzó a crecer y decidió llamarla esperando tener señales de ella. Era fiestera, irresponsable, mal ejemplo, pero nunca desaparecía, no sin avisar que lo iba a hacer.

El teléfono de la morena no paraba de sonar, aun medio dormida se quitó el pesado brazo del madrileño que cubría sus pechos y con cuidado de no despertarlo, contestó.

— ¡Hi baby!, ¿Qué pasa Hayle jaleas?—preguntó con voz ronca mientras admiraba el cuerpo desnudo del piloto y reflexionaba sobre que la cagó al dormir ahí.

Hayle soltó un suspiro de alivio al escuchar que su hermana estaba bien y sintió que el alma le volvía al cuerpo.

— Estoy en tu departamento, debimos partir al aeropuerto hace media hora, ¿Se puede saber dónde estás?—dijo con molestia y desesperación porque la irresponsabilidad de su hermana haría que perdieran su vuelo a Londres.

— ¡Mierda! Lo siento, lo olvidé—se levantó con cuidado de no hacer ruido y evitar darle explicaciones. Comenzó a vestirse de prisa y sin mirar atrás— En 10 minutos llegó, bonita.

Colgó el teléfono y terminó de vestirse, antes de salir tomó el billete de 200 euros que el madrileño le había dado a modo de "pagar sus servicios" y lo besó dejando la marca de su labial rojo, lo colocó en la mesa de luz del lado de Sainz y salió corriendo.

Una vez dentro de su auto, se dió cuenta de que había olvidado su ropa interior en la habitación.

— Ya fue, que lo tome como un regalo—murmuró la italiana para sí misma mientras arrancaba su auto.


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INEFFABILE AMOREHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora