Cuatro hermanas de una prestigiosa familia italiana se encuentran con distintos rumbos y cuestiones por resolver.
Entre la empresa familiar y las decisiones que deben tomar para no defraudar a su padre, parece que es imposible que el amor pueda ten...
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Luego de que Blair y Ollie se fueran, Helena comenzó a sentirse algo incómoda con los amigos de Arthur. Los jóvenes comenzaban a llevar la charla a una zona donde ella sentía que no podía aportar nada.
Buscó en su bolso las llaves del auto que Carlos les había prestado.
— Oye, ¿Qué se te perdió, bonita? ¿Qué buscas?—preguntó el monegasco acercándose a ella y ofreciéndole una botella de agua mineral.
— Nada, solo que se me acabó la batería social, y tengo las llaves del Ferrari de Carlos—dijo agitando las llaves— Podemos ir a dar una vuelta.
Arthur alzó las cejas y se sentó a su lado mirándola con curiosidad.
— Eso suena interesante, pero el español sensual me mataría si se entera de que utilicé su coche para eso o para cualquier otra cosa.
— No tiene por qué enterarse, nadie va a decirle nada—sonrió inocentemente y le dio un pequeño beso.
El monegasco dudó un momento mientras contemplaba a la chica con una sonrisa divertida.
— Está bien—dijo mientras tomaba las llaves— Juro que Carlos me mata si nos ve, ¿Segura de que está con tu hermana?
— Sí, seguramente está muy ocupado con Hairen, no hay nada de qué preocuparse—le sonrió— Vamos a divertirnos un rato.
El joven la tomó de la cintura y dejó un suave beso en su mejilla.
— Está bien, preciosa, si eso quieres, vamos a dar una vuelta—la guió a la salida.
— Tú eres el conductor designado, haz lo que sabes, yo solo voy a ser tu bonita copiloto—dijo la menor mientras caminaban.
Cuando llegaron al lugar donde Hayle aparcó, Arthur se quedó boquiabierto al ver el Ferrari 488 Pista Spider.
— ¡Merde!—llevó una mano a la mandíbula.
— ¿Qué pasó? ¿Le hicimos daño?—la castaña lo miró preocupada.
— Es el auto de mi hermano.
— No me jodas.
— Anda, sube rápido.
Abrió la puerta del copiloto para ella, se aseguró de que estuviera cómoda, dió la vuelta para ponerse tras el volante y arrancó el auto.
— Charles va a matarnos—dijo la menor que al sentir el aumento de velocidad abrochó su cinturón y le sonrió con un poco de nerviosismo.
— Él ama este auto, pero no sería la primera vez que lo conduzco—bajó la ventana para sentir el aire— Y si pregunta, yo se lo pedí a Carlos. ¿Alguna vez has hecho donuts?—una sonrisa pícara se dibujó en su rostro mientras se dirigía a una zona lo suficientemente amplia y sin tanta gente.