Cuatro hermanas de una prestigiosa familia italiana se encuentran con distintos rumbos y cuestiones por resolver.
Entre la empresa familiar y las decisiones que deben tomar para no defraudar a su padre, parece que es imposible que el amor pueda ten...
Una escapada de sábado por la mañana para ir a pasear a una playa lejos de todos y volver antes de que Hanna se diera cuenta sonaba un plan simple y divertido: cuatro amigos, un auto y una lista de canciones de Spotify que combinaba Harry Styles, banda sinaloense y Taylor Swift sin ningún tipo de criterio. Pero nada en la vida de las Rivadelli solía ser simple.
Helena iba en el asiento del copiloto, las piernas arriba del tablero, cantando a todo pulmón con un frappé de oreo en la mano. Arthur, concentrado en el volante, apenas sonreía, tratando de no distraerse demasiado con la energía caótica que irradiaba la chica a su lado.
— No te hagas el serio, Monegasco—dijo Helena, dándole un pequeño golpe en el hombro— admitelo, te gusta cuando canto horrible.
— Cantas... con entusiasmo— respondió él, fingiendo neutralidad mientras apretaba el volante para ocultar la sonrisa.
— Adoras tenerme aquí, de otro modo tu vida sería muy aburrida.
— Y dicen que los cursis somos nosotros—Ollie hizo gesto sarcástico— creo que acaban de sacar tu lado más meloso.
— Por favor, tú eres el cursilerias3000, yo solo soy un joven enamorado, tu eres un viejo enamorado.
— Ya se ya se, esta es la canción de Ollie—Helen agregó poniendo la canción de "amarte a la antigua"
— Adoro esa canción— interrumpió emocionada Hayle que sostenía una cámara analógica, fotografiando el atardecer que se extendía en el horizonte.
— Son una pareja de ancianos atrapados en cuerpos de adolescentes— Helena rodó los ojos.
— ¿Puedo ver las fotos después?—Ollie la miraba con una mezcla de ternura y torpeza adolescente ignorando los comentarios de Helena.
— Si salen bien, sí—respondió ella con una sonrisa— Si no, diremos que era arte conceptual.
Ambos rieron, y por un instante, el mundo pareció fácil.
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— Hay un problema—Helena murmuró— me equivoque con el mapa y no se en donde estamos, y ya no tengo señal
— ¿Qué? Dime que estás bromeando—dijo la rubia mientras soltaba su cámara de golpe— Se supone que sabías usar el mapa ¡Dame eso!—le arrebató el celular.
— Oye no le hables así a Hel—Arthur protesto sin perder la vista del camino— solo se equivoco, está bien, ahora volvemos al camino
— Tú tampoco le hables así a Hayle y más vale que busquen una solución rápido porque la lluvia está muy cerca.
— ¿Muy cerca? Yo diría que ya comenzó—agregó Helena con un poco de culpa en la voz al ver las gotas en el cristal del auto.
— Solo tenemos que volver a la autopista y ya está—Arthur puso en marcha el coche.