Cap. 15

49 4 20
                                        


Carlos no sabía exactamente en qué momento había perdido el control de la situación, pero ahí estaba: en el sur de Francia, con una botella de agua mineral en la mano, rodeado de tres mujeres que apenas conocía, sintiendo que invadía alguna actividad familiar.

— ¿Seguro que Japonesa puede con esa combinación de obstáculos?—preguntó Hayle, girando el batidor de su limonada con ansiedad.

— No sé, pero si se cae, se vuelve viral—comentó Helena, con su celular en modo grabación.

— Basta—intervino Hanna— no sé por qué sigo viniendo a estas cosas si odio el olor a caballo, Hairen debería considerar deportes con aroma a chanel, pilates o algo más normal.

Carlos no dijo nada, solo observaba la dinámica de las hermanas y le costaba entender cómo funcionaban como una unidad.

— ¿Todo bien, Carlos?—le preguntó Hayle, con una sonrisa dulce— ¿Quieres un frappé? creo que queda uno de fresa.

— Estoy bien, gracias, ya estoy asumiendo mi rol de WAG con dignidad.

— Encajas—soltó Hanna, en un tono sobrio— mejor que algunos otros que ha traído, al menos tu no te ves como un vago que rescató de debajo de un puente.

Carlos iba a responder, pero no hizo falta, porque como si la hubieran invocado, la morena apareció.

Hairen caminaba hacia ellos con su chaqueta de montar abierta, el casco en una mano y un termo con café helado en la otra, el cabello recogido a medias y las botas impecables.

El madrileño tragó saliva, cada vez que se veían siempre era igual: llegaba tarde, con un café en mano, como si el reloj tuviera que adaptarse a su ritmo y no al revés. Aun así, cada vez que la veía llegar, el aire cambiaba. Al principio le molestaba su impuntualidad, pero poco a poco entendió que esa mala costumbre era suya y no iba a cambiar.

— ¿Ya lo están ahuyentando?—preguntó Hairen.

— Solo lo estamos evaluando—dijo Hayle— ya sabes, protocolo Rivadelli.

Carlos sonrió, intentando mantener la compostura.

— Doy la entrevista, pero no estoy seguro de qué puesto estoy ocupando, solo vengo como su amigo y ya.

— Tú eres el afortunado del día—le dijo Hairen, parándose frente a él con ese brillo desafiante en los ojos y una sonrisa coqueta— hoy te toca ser el que no entiende ni el "bienvenidos amigos de América" de Fernando Tornello.

Carlos soltó una risa por lo bajo. Sabía que, por más que se lo explicara una y otra vez, ella nunca iba a entender del todo la Fórmula 1. Se confunde con los reglamentos, le aburren las prácticas, pero igual iba, se paraba en el paddock y hacía preguntas fuera de contexto, sin esperar nada de él; solo quería ver a su amigo dar vueltas en cochecitos y eso le emocionaba mucho. Era reconfortante saber que sin importar si quedaba primero o último, Hairen siempre lo veía como el mejor piloto de toda la carrera.

— Hey, podre no saber nada de este deporte, pero al menos investigue lo suficiente para no felicitarte si quedas en decimoquinto.

— ¿Me vas a seguir reclamando eso?—lo miro divertida— ya te explique que hubo muchos—se quedó pensando un minuto— ¿DTS?

— DNF—interrumpió Helena rodando los ojos.

— Eso y yo pensé que era un logro terminar.

— Bueno, vamos avanzando en las clases—sonrió divertido.

— Me gusta verte correr, pero ahora tu eres yo y yo soy tu—sonrió con gesto de satisfacción— pero me tengo que ir

Carlos solo le sonrió y le guiño un ojo provocando en las dos hermanas menores un cuchicheo y risitas cómplices. Ella giró sobre sus talones y se dirigió hacia la zona de preparación, donde Japonesa ya la esperaba.

INEFFABILE AMOREHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora