Cuatro hermanas de una prestigiosa familia italiana se encuentran con distintos rumbos y cuestiones por resolver.
Entre la empresa familiar y las decisiones que deben tomar para no defraudar a su padre, parece que es imposible que el amor pueda ten...
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— ¿Y tu chico corre hoy?—preguntó Hayle mientras acomodaba su cabello.
— No, él solo está en el simulador—Helena se encogió de hombros— pero Hanna viene del color de la escudería de su novio, porque es su carrera de casa—tomó de las manos a su hermana fingiendo emoción— y la invitó a verlo mañana también.
Hanna estaba tan concentrada en lo suyo que no prestaba atención a la conversación de sus hermanitas. Revisó, una vez más, que todos los documentos necesarios para anunciar el patrocinio estuvieran en regla.
Terminó con los de Leclerc, y preparó una carpeta aparte para los de Sainz. Estaba casi terminando cuando se dio cuenta de que la única cosa que tenía que hacer su hermana, no la había hecho.
El contrato del madrileño no estaba por ningún lado.
— ¿Por qué tienes esa cara? ¿Pasó algo? Tienes cara de que vas a matar a alguien—preguntó Helena.
— Por favor diríjase al hotel donde se hospeda Hairen—le ordenó la rubia al chofer
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La castaña dormía plácidamente enredada en las sábanas cuando escuchó su teléfono sonar y el golpeteo de la puerta como si alguien tratara de tirarla abajo.
— ¿Aló?— respondió con voz ronca y sin abrir los ojos.
— Ábreme la puerta o juro que la derribo—Hanna se escuchaba bastante molesta.
La morena cortó la llamada y se tapó hasta la cabeza.
La rubia volvió a insistir hasta que una molesta Hairen respondió.
— ¿QUÉ CHINGADOS QUIERES? PUTA MADRE, HANNA DEJA DORMIR A LAS PERSONAS.
— ABRE LA PUERTA.
La castaña se levantó de la cama buscando algo para cubrirse, al no encontrar nada y al escuchar los golpeteos de su hermana, le abrió solo en tanga.