Cuatro hermanas de una prestigiosa familia italiana se encuentran con distintos rumbos y cuestiones por resolver.
Entre la empresa familiar y las decisiones que deben tomar para no defraudar a su padre, parece que es imposible que el amor pueda ten...
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— De verdad, muchas gracias por dejarme quedar esta noche. Prometo irme antes de que vuelvas de la carrera. Ni siquiera vas a notar que estuve aquí—dijo Hairen mientras se enredaba en las sábanas para ir a la ducha.
— Puedes quedarte el tiempo que quieras—Sainz jaló de la sabana para cubrirse.
— ¿Ya somos amigos? ¿Ya no soy una zorra?—preguntó la morena en tono sarcástico mientras se recogía el cabello.
— Ya me disculpé contigo por esa confusión—dijo el español mientras la observaba detenidamente—Toda la noche... varias veces.
Hairen soltó una risita ante el mal chiste del piloto.
— Con calma, ahora, si me disculpas, me voy a bañar. Tú tienes que ir a tu carrera y yo me tengo que esfumar.
— ¿Qué no piensas acompañarme a la carrera?—dijo bromeando el español— ¿Acaso soy tan mal anfitrión que quieres correr apenas te despiertes como la última vez?
— No es eso—su rostro se tornó serio— No quiero encontrarme a Hanna. Además, necesito pasar por casa de Hernán para solucionar mi contratiempo económico.
— María, ya hablamos de eso. Ya me encargué de los gastos de tus fundaciones en lo que se les pasa la rabieta a ti y a tu hermana.
— Carlos, prometo que te pagaré todo en cuanto vuelva a tener flujo económico. Gracias por escucharme anoche, honestamente lo necesitaba.
— Después hablamos de dinero—el piloto puso un mechón de cabello detrás de su oreja—María—le llamó la atención— Tengo que ir a revisar unas cosas con Caco. Mientras, ponte bonita, come algo de lo que va a traer el servicio a la habitación y no dejes que Hanna te arruine el día. Nos vamos en una hora—el piloto le dio un beso y salió de la habitación.
La italiana se quedó perpleja ante el inesperado beso de Carlos. Buscó una toalla y se metió a la ducha.
Cuarenta minutos después estaban rumbo al paddock.
— María, ¿puedo hacerte una pregunta?—Carlos dejó su mano sobre el muslo de la italiana sacándola de sus pensamientos.
— Ya la hiciste, pero sé a lo que te refieres y sí, sí puedes—Hairen se volteó para prestarle toda su atención.
— ¿Estás bien? Por lo que me contaste de la pelea con tu hermana y todo lo que ha pasado, quiero saber como te sientes, porque anoche te abriste conmigo y después me utilizaste como objeto sexual para evadir sentimientos. Lo sé porque yo también lo hago.
— ¿Y eso te importa?— la joven sintió una enorme necesidad de huir.
— Bueno, solo preguntaba.
La morena soltó un suspiro.
— Honestamente, no estoy bien, pero no quiero hablar de eso ahora. Solo quiero disfrutar y tomar la felicidad que me ofrece el momento—retiró la mano del español.