CAP.19

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El eco de los tacones de Hairen resonaba en el mármol brillante de Riva Corp. Más de uno se volteó a mirarla: la castaña caminaba derecha, con el cabello perfectamente liso cayendo hasta la cintura, un saco oversize, pantalón de sastre y unos Versace que imponían. Por primera vez en mucho tiempo, no había rastros de resaca en sus ojos, ni de exceso en su piel. Se veía sobria, se veía fuerte. Se veía como una Rivadelli.

Pasó su tarjeta por el lector del elevador y presionó el botón que la llevaría al piso de Hanna. Los cuchicheos de los empleados la siguieron hasta que las puertas se cerraron.

Cuando entró a la oficina de la CEO, Hanna estaba revisando contratos, rodeada de carpetas perfectamente ordenadas y un escritorio impecable. La rubia levantó la vista, arqueando una ceja.

— Buenos días, Hanna.

— ¿Qué haces aquí?—Su tono fue tan seco que podría haber helado el aire.

— Vine a hablar contigo—dijo Hairen quitándose los lentes oscuros.

Hanna la observó de arriba abajo. Una parte de ella no quería admitirlo, pero sintió alivio al verla presentable.

— No tengo tiempo para negociar los términos de a cuanto vas a cobrar la hora, si algun dia llegamos a necesitar de la facilidad con la que abres las piernas, que lo dudo—Se levantó de su silla con una expresión seria, se alisó el vestido y estiró la mano indicando la salida— si me disculpas, tengo trabajo y no tengo tiempo de tratar con una zorra. Aunque si estas buscando que te devuelva tu trabajo, desiste, tal vez en el burdel de unas cuantas calles de aquí esten contratando, no se.


— Vaya. Tantas palabras solo para no decir "claro que puedes sentarte, hermana, esta también es tu empresa"—Hairen arqueó una ceja, forzando media sonrisa.

— Estoy cansada de tus estupideces.

— Yo también—se acercó con seriedad— Pero estoy aquí para hablar en serio.
— ¿Hablar de qué?—La rubia cruzó los brazos, como un muro de piedra frente a ella.

— No me gusta estar peleada contigo. La cagué, lo sé, y lo siento. Te dije cosas horribles que jamás debí decirte. Y sí, soy una zorra—esbozó una sonrisa triste— pero soy tu zorra. Y tú eres una bruja sin corazón, pero eres mi bruja sin corazón. No quiero seguir con este juego, Hanna. Eres lo único que tengo.


— Eso hubieras pensado antes de abrirle las piernas a Sainz y olvidarte del contrato.
— ¡Deja de hablar de contratos un segundo! Soy tu hermana, no tu empleada. No vine a pedir que me devuelvas mi puesto. Vine porque te extraño. Quiero a mi hermana, la que me trenzaba el cabello para mis competencias, la que se escondía conmigo de papá. Esa.

Hanna apretó la mandíbula. El silencio se volvió denso.

— El otro día... pasó algo con Carlos y huí—Hairen bajó la mirada—. Estaba a nada de tener un episodio. Caminaba sin rumbo y lo único en lo que pensaba era en ti. En buscarte.

— ¿Él te hizo algo?—Hanna se acercó y tomó sus manos. Sería, protectora— Hairen, te lo juro, si ese imbécil te tocó un solo cabello, lo mató. Yo misma lo hago pedacitos y lo vendo en tamales afuera de los templos.

Hairen soltó una risa nerviosa que pronto se convirtió en lágrimas.


— N-no me hizo nada. Lo juro. Solo... me asusté. Me asusté de mí. Y lo único que quería era a ti..
— Tú no eres de las que deja de lado su orgullo, se pone ropa decente y aparece sobria. ¿A qué estás jugando?

— A nada, Hanna, yo solo...—Antes de que pudiera terminar, la rubia la interrumpió.


— A ver, espera, no me contestes. Aquí solo hablo de trabajo—Hanna tomó su bolso— Vamos a mi departamento; Helena hoy tenía clase de manejo.

INEFFABILE AMOREHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora