Cuatro hermanas de una prestigiosa familia italiana se encuentran con distintos rumbos y cuestiones por resolver.
Entre la empresa familiar y las decisiones que deben tomar para no defraudar a su padre, parece que es imposible que el amor pueda ten...
Hernan caminaba hacia la zona de catering cuando escuchó la voz.
— ¡Papá!—Hayle llamó su atención.
Se giró y vio a las dos, la tormenta y el arcoíris.
Helena venía adelante, con el moño torcido, las botas embarradas y el celular en mano, Hayle iba detrás, perfecta, pulcra, con una copa de jugo rosa y cara de "por favor no peleen".
— ¿Viniste solo para ver si Hairen sobrevivía al barro o también te interesa saber si tus otras hijas siguen vivas —disparó Helena, sin filtro.
— Hola a ti también—dijo Hernán con sequedad.
— Yo te mandé un mensaje hace tres días—intervino Hayle, intentando suavizar— pero supongo que estabas ocupado.
— Estoy siempre ocupado—respondió él— por eso confío en que ustedes sobrevivan bien sin mí.
— No es sobrevivir lo que nos preocupa, papá—dijo Helena— es existir en tu radar.
— Helena, estás en el radar de toda Europa cada vez que abres la boca—Hernán la miró firme.
— ¿Eso es un cumplido o una amenaza?—dijo Helena con una sonrisa culpable.
— Es un hecho—respondió Hernan con seguridad.
— Bueno, te aviso que salí con un Leclerc, por si necesitás agendarlo para futuras negociaciones.
— Ya lo sé—dijo Hernan— Arthur me escribió para pedirme permiso formalmente, lo respeto más que a varios hombres de tu edad.
Helena se quedó muda por primera vez en días.
— ¿En serio?—preguntó Hayle, sorprendida.
— En serio—respondió él, con un pequeño gesto de aprobación— el chico tiene más huevos que diplomacia, me cae bien.
— Ok, eso fue raro—dijo Helena— ¿Estás orgulloso?
— Estoy consciente de que no puedo detener su adolescencia, pero puedo elegir no interferir si el idiota que eligen no es un idiota completo.
Hayle rió y abrazó a su papá
— Eso fue lo más cerca que vas a estar de decir "te quiero", ¿no?
— Eso fue lo más cerca que estoy de dejar que tomen decisiones sin arruinarlo todo.
— Te queremos igual—dijo Hayle, y lo abrazó sin esperar permiso.
Helena los miró con un gesto de ternura.
— Yo no te abrazo, pero... tampoco te odio... por hoy.
— Es lo máximo que puedo esperar—dijo Hernán, aceptando el abrazo de Hayle con una palmadita torpe— ahora vayan, hagan algo que no pueda salir en las noticias, por lo menos por hoy.
Aunque no lo quisiera aceptar Hernan sabía que su arcoiris y su tormenta eran las niñas que más le preocupaban, eran pequeñas y algún día iban a cambiar el mundo, aunque él no entendiera cómo.
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