La tribuna techada estaba casi llena, con el murmullo típico de los eventos de élite: risitas discretas, copas de champagne, lentes oscuros en interiores y luego estaban ellas, las hermanas Rivadelli en un lugar reservado solo para ellas.
Hanna estaba más seria de lo normal, tenía un gesto tan frío que a Carlos le aterraba dirigirle la palabra, su humor había cambiado y no era por el calor, ni por el olor, ni la posibilidad de ensuciar sus Manolo perfectamente hechos a medida. Carlos sabía perfectamente que el enojo tenía nombre, apellido y estaba sentado a tan solo unos metros de ellos con una pseudo modelo que cuando la saludo olía a perfume barato de vainilla, casi sentía pena por su compañero de equipo, en ese momento agradecia no ser él.
— ¿Esto va a ser muy largo?—preguntó Helena, hundida en el asiento, interrumpiendo los pensamientos del piloto.
— No, solo salta, evita tirar las barras, no se cae, y gana—respondió Hanna sin despegar la vista del cronograma— créeme que no eres la única que ya se quiere ir.
— ¿No se supone que esta parte es la más elegante?—intervino Hayle, arreglándose el moño rosa— me gusta, parece desfile de caballitos.
— ¿Por qué te arreglaste como si fueras al bautizo de un infante real?—preguntó Helena, inspeccionando el vestido de su hermana.
— Hairen dijo que es el día más chic, hay que estar lindas.
— Yo solo vine porque Hernan no pudo y alguien tiene que representarlo—dijo Hanna con total frialdad— hasta ahora solo he conseguido jugo de manzana, mocosos gritando y...—bajo sus lentes haciendo cara de asco— darme cuenta de que ahora dejan entrar a cualquiera a estos lugares.
Carlos no hablaba, estaba sentado un poco apartado, con la vista fija en el recorrido: barras blancas, combinaciones de tres obstáculos, giros cerrados, sabía cómo funcionaba la presión y la precisión y solo esperaba que las cosas salieran bien.
— ¿Nervioso?—preguntó Hayle pasandole una botella de bloqueador.
— No, estoy bien—mintió.
— ¿Quieres que te agarre la mano?—ofreció Helena con una sonrisa torcida— así como los maridos de las concursantes en reality shows.
— Es solo que anoche Hairen estaba muy inquieta, no podía dormir, daba vueltas y vueltas en la cama—Carlos solo le lanzó una mirada y soltó un suspiro—solo quiero que le vaya bien.
— Espera, ¿Durmieron juntos?—preguntó Hayle divertida.
Carlos se puso rojo y las manos le comenzaron a sudar.
— No-no o sea si pero es que ella estaba así y yo y es que ella...
— Ay ya cállate—dijo Hanna sin mirarlo— nosotras fingimos que no escuchamos y no sabemos de su estupido juego del gato y el ratón y tu dejas de parecer adolescente que acaba de descubrir cómo masturbarse.
— No te pongas sensible—rió la menor— si te hace sentir mejor, fingimos demencia.
Un movimiento en la pista interrumpió la conversación, el binomio acababa de entrar. La yegua se movía con elegancia, paso firme, sin sobresaltos, Hairen la guiaba con calma, postura perfecta, espalda recta.
Carlos se acomodó en el asiento, no pensaba respirar hasta que sonara el timbre final.
Hairen dio un leve impulso con las piernas y Japonesa se activó como si alguien hubiera encendido un resorte interno. avanzó hacia el primer obstáculo con esa elegancia que caracteriza a las Rivadelli.
El primer salto fue perfecto, el segundo, también.
— Va liviana—comentó Hanna.
— ¿Eso es bueno o malo?—preguntó Carlos.
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INEFFABILE AMORE
Fiksi PenggemarCuatro hermanas de una prestigiosa familia italiana se encuentran con distintos rumbos y cuestiones por resolver. Entre la empresa familiar y las decisiones que deben tomar para no defraudar a su padre, parece que es imposible que el amor pueda ten...
