Cuatro hermanas de una prestigiosa familia italiana se encuentran con distintos rumbos y cuestiones por resolver.
Entre la empresa familiar y las decisiones que deben tomar para no defraudar a su padre, parece que es imposible que el amor pueda ten...
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— Vamos, niña contesta—Hanna conducía a toda velocidad por las calles de Mónaco rumbo a la casa de los Leclerc donde sospechaba que encontraría a su hermana menor.
Aparcó su auto en el portón del monegasco para bajar hacia la residencia y entrar sin invitación, ya que la puerta se encontraba abierta.
— HELENA RIVADELLI—gritó mientras se adentraba a la casa— Se que estas aquí niña, y si no apareces en cinco segundos, voy a castigarte por el resto de tu vida.
El mayor de los monegascos salió con un toallón a la cintura y algunas gotas de agua deslizándose por su torso y brazos.
— Hola bonita, cuando te dije que podías volver cuando quieras, no pensé que lo harías tan rápido, pero bienvenida—la miró de arriba abajo— te queda bien el gris.
— En primer lugar, es verde olivo, imbécil—lo miro mal— Y en segundo lugar, donde tienen tu y el estúpido de tu hermano a la niña.
— ¿Mi hermano?—arrugó la frente y se acercó a ella— mi hermano está en su cuarto jugando FIFA con Calos.
— Si claro, ¿me crees estúpida?—se dirigió a la habitación de Charles.
— Te creo muchas cosas, pero estúpida no está en mi lista, querida—la siguió hasta la habitación y comenzó a preparar la ropa que se pondría— Si me querías ver desnudo, solo tenias que decirlo, no entrar así e invadir mi cuarto.
— Nadie quiere verte desnudo—rodó los ojos— ¿Dónde la tienen?—le dió un empujoncito en el hombro.
— Este anillo te queda flojo y es horrible—tomó su mano para dejar un beso en sus nudillos— lo vas a terminar perdiendo y que gran favor te harías
— ¡NO ME TOQUES!—apartó su mano— Me repugna tenerte cerca.
— No decías eso la otra noche, Si lo recuerdas ¿verdad?—se llevó una mano a la mandíbula— cuando me metiste la lengua hasta la garganta y dormiste abrazándome, sin quejarte durante toda la noche—alzó las cejas— Si quieres respuestas sobre tu hermana pregúntale a Arthur, está en la otra habitación con Carlos—la miró de pies a cabeza y se acercó para tomarla por la cintura mientras ella lo miraba fijamente— A no ser que quieras mirarme mientras me cambio y repetir lo del otro día—Hanna miró los labios del monegasco y este se inclinó para besarla cuando la puerta se abrió.
— Lo siento mate, no sabia que estabas con alguien—Carlos intentaba mirar a otro lado— Los dejo solos, asi sigan con lo suyo.
— Aquí no pasa nada—la rubia se apartó del piloto— Estoy buscando a mi hermanita—salió de la habitación.
— Estaba a punto de besarla, ¿no pudiste solo irte en silencio?—Leclerc echó la cabeza hacia atrás y le dió una mala mirada al otro piloto.
— ¿Quién carajos es ella?—preguntó el madrileño mientras se recargaba en el marco de la puerta.