La televisión sonaba de fondo con alguna serie francesa. Helena estaba sentada en la cama mirando fijamente el papel tapiz despegado junto al armario. La tormenta azotaba fuerte el vidrio, Arthur estaba en el baño.
La joven intentaba relajarse, ya había pasado la noche con él antes, incluso pensó que sería mejor y más cómodo para ambos.
Generalmente pasaban el tiempo en el departamento de Hanna, en aquella sala demasiado limpia o en la habitación de la menor, donde la bruja blanca los obligaba a dejar la puerta abierta, pero esta vez era distinto: era la cama de un motel, un sitio en el que probablemente nadie los conocía. Un sitio neutral.
— ¿Pasa algo?—el monegasco salió directo a tirarse a la cama— ¿por qué no te has puesto cómoda?
— Lo siento—le dio una sonrisita— me quede pensando—se giró hacia él y pasó sus manos por sus mejillas— eres muy guapo, ¿sabías?
— Hel—agachó la cabeza un poco avergonzado— tú eres preciosa—tomó su cintura y la trajo hacia él retirando el cabello de su cara.
Helena comenzó a besarlo, al principio con timidez pero conforme el beso avanzaba Arthur lo intensificaba haciendo que el corazón de la chica latiera a mil por hora y una sensación electrizante recorriera su cuerpo, sin embargo hasta ese momento aún estaba relajada.
Arthur la tomó de las caderas y la subió a su regazo, las manos del chico subían y bajaban sin pudor. No era la primera vez que llegaban a segunda base, la diferencia era que la casa de Hanna era un lugar seguro, un lugar que ambos respetaban y conocian sus limites.
Cerró los ojos y disfrutó del momento esperando a que el monegasco se detuviera en la mejor parte como ya estaba acostumbrada. Sin embargo, esta vez Arthur no se detuvo.
— Eres increíble—dijo el muchacho mientras corría su cabello para besar su cuello.
Soltó un leve jadeo que reprimió casi de inmediato. Helena enredó sus dedos en el cabello del piloto y un trueno casi inaudible hizo que volviera a la realidad. Su mente se vió turbada por una ola de pensamientos: ¿Lo que estaba haciendo era correcto? ¿Qué diría Hanna si se enteraba de la situación en la que estaba? ¿Qué opinaría su padre? Hairen le repitió mil veces que con protección y ella no llevaba nada.
No era secreto que Arthur era un joven experimentando y el tenerlo ahí, solo para ella, sintiendo esa necesidad, la abrumaba. Una parte de ella, su cuerpo, quería darle eso que las manos del menor de los Leclerc pedía a gritos, pero su mente y su corazón no estaban conectados en ese momento. Tenía miedo, necesitaba tiempo, no estaba lista, pero tampoco lo quería decepcionar.
Intentó callar los pensamientos y solo hacerle caso a su cuerpo, pero no pudo. No se sentía lista, no quería.
— Arthur para—cortó el beso de manera tajante y se apartó reprimiendo las lágrimas— lo siento, lo siento.
El joven de inmediato apartó sus manos y la miró con confusión.
— ¿Pasó algo? ¿Te lastimé?—la mirada del chico mostraba verdadera preocupacion— Helena lo siento muchismo, me deje llevar y que idiota que fui, de verdad perdon.
— No eres tu, es mi culpa, yo solo no quiero, lo siento, no quiero—Helena se comenzó a sentir angustiada y se apartó un poco más— Es que... no sé qué me pasa—susurró, mirando al suelo— Todo iba tan rápido y... pensé que podía, pero no.
— Hel, amor, está bien—se acercó cuidadosamente a ella— Vamos a tu ritmo mi reina, no hay prisa, yo debí tomar en cuenta eso.
Arthur por instinto la abrazo, Helena al principio estaba tensa pero cuando la calidez del monegasco comenzó a sentirse real, ella comenzó a relajarse y dejó que sus emociones fluyeran convirtiéndose en una cascada.
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INEFFABILE AMORE
FanfictionCuatro hermanas de una prestigiosa familia italiana se encuentran con distintos rumbos y cuestiones por resolver. Entre la empresa familiar y las decisiones que deben tomar para no defraudar a su padre, parece que es imposible que el amor pueda ten...
