Cuatro hermanas de una prestigiosa familia italiana se encuentran con distintos rumbos y cuestiones por resolver.
Entre la empresa familiar y las decisiones que deben tomar para no defraudar a su padre, parece que es imposible que el amor pueda ten...
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Hanna se tensaba ante cada movimiento del coche de Dante, a pesar de ser un gran fanático de la Fórmula 1, conducía terrible. Intentaba ignorar el nauseabundo olor del perfume de su prometido manteniendo la vista fija en su teléfono y direccionando la ventila del aire acondicionado directamente a su rostro.
— Nena, ¿Con quien te mensajeas tanto? ¿Ya estás de putita otra vez? ¿La moral distraída es de familia?—dijo el italiano en tono burlón mientras dejaba su mano en la pierna de la rubia.
Esta las cruzó manteniéndose fuera de su alcance.
— Con mi primo—respondió seriamente— dijo que mi padre está complacido con mi trabajo—habló fríamente guardando la emoción de haber complacido a Hernán— las acciones de la empresa crecieron un 12.58% en NYCE tras la victoria de Charles—sonrió al decir su nombre y recobró la compostura en décimas de segundo— Me dijo que haga lo que sea para retenerlo—lo miró de manera desafiante.
— ¿Solo 12%?—habló despectivamente— Cada vez me convenzo más de que las mujeres solo sirven para llenarte la panza y vaciarte los huevos—la miró de reojo— estoy seguro de que tu primo hubiera conseguido aumentar al menos un 25%—hizo una pausa— de hecho tenemos una reunión mañana en Italia.
— Que te diviertas—respondió con indiferencia mientras veía instagram. Su algoritmo solo le estaba mostrando a Leclerc, haciendo que dejara un like en una publicación antigua del piloto sin darse cuenta.
Un silencio incómodo invadió el auto. Dante hizo un sonido extraño con su nariz para después bajar la ventanilla y soltar un escupitajo hacia la calle haciendo que la rubia diera una arcada.
— Deberías ir al gym—el italiano rompió el silencio— Hairen tiene un culazo y caderas deliciosas, si tu hermana lo tiene, quiere decir que también están en tu genética y me gustaría que mi esposa le pusiera ganas a su físico y tuviera esas nalgas—dijo mientras se tocaba la entrepierna— es que tus pechos combinados con esas nalgas—la miró de arriba abajo y tomó la mano de Hanna para que sintiera su erección— así de dura me la ponen ustedes dos.
Se quedó helada ante el contacto del moreno. Agradeció el haber elegido usar guantes esa noche y que Dante no hubiera tocado directamente su piel.
— ¿Qué pasó preciosa?—comenzó a mover la delicada mano de la chica en círculos— No te asustes princesa, es grande, pero ya me has demostrado que eres buena montandolo.
Hanna miró a su alrededor buscando a alguien que estuviera cerca, quería pedir ayuda a gritos mientras sus ojos se cristalizaban.
Una imagen de ella vulnerable y desnuda con las manos de Dante por todo su cuerpo invadió su mente. El recuerdo de esa terrible noche, por la que rogó cientos de veces que haya sido solo una pesadilla, comenzó a hacerse realidad al escuchar las palabras del hombre a su lado.