Hailey.
El atardecer arde en el horizonte con tonos rosados y dorados, tiñendo el cielo de un resplandor casi irreal. Mis manos envuelven el vaso de cartón, buscando calor en su contenido frío. No hay fuego. No podemos darnos el lujo de encender uno.
La pequeña pausa que hemos hecho para comer algo, estirar las piernas e ir al baño ha durado apenas una fracción de hora, los rostros a mi alrededor lucen cansados y tristes, nadie ha podido descansar bien estos últimos días. Incluyéndome.
El frío se cuela por las rendijas de mi abrigo, instalándose en mis huesos. El suelo bajo mí es duro e incómodo, pero ni siquiera me molesto en cambiar de posición. Hace días que dormir dejó de importar. Logramos escapar de el Alfa y tomar una distancia considerable de su grupo de caza, pero no podemos detenernos, no sabemos si ellos lo han hecho o no, y podrían alcanzarnos en cualquier momento. Dormir con ese miedo no es fácil.
Un nudo de ansiedad se instala en mi estómago cuando mi mente, traicionera, me arrastra de vuelta a aquella noche. A la sangre. A los gritos.
A Caleb en el suelo.
¿De verdad merezco tanto morir para que el Alfa siga persiguiéndome de esta manera?
La puerta de la camioneta se abre y mi vista viaja de inmediato a ella, Sal sale de ahí. Me pongo de pie casi al instante dejando mis pensamientos de lado y ella me da una mirada desanimada mientras niega con la cabeza.
— Aún no despierta — me dice respondiendo a mi pregunta silenciosa.
Un suspiro abandona mi boca, la decepción cae sobre mi como un peso insoportable mientras vuelvo a mi lugar en el suelo y recargo la barbilla en una de mis manos.
Caleb ha estado inconsciente desde que huimos de el Alfa hace más de cuatro noches. Mi corazón ha estado en una cuerda floja desde entonces, y todas mis plegarias son por su recuperación. El no puede morir, no así, no ahora.
La sola idea me aterra, la ansiedad se apodera de mi en cuanto comienzo a pensarlo, en cuanto comienzo a imaginarlo.
Pienso en la última vez que hablamos, en las cosas que le dije. En cómo su expresión cambió cuando le reproché por robar en el hotel, cuando le dije que sus acciones no eran honorables.
Escucho un pequeño sollozo que atrae mi atención mientras Sal se sienta a mi lado mirando al mismo punto que yo: Kath recargada en el hombro de Luke.
— ¿Quieres un poco de té? — le ofrece Jo a Sal. — Está frío ya que alguien no me deja encender una fogata.
Sal asiente.
— Entiende mujer, no podemos dejar un rastro para que puedan seguirnos — le recrimina Abel mientras la mira con molestia. Jo rueda los ojos.
— ¿Estás bien, Kath? — pregunta Sal mientras toma el vaso que le extiende Jo.
La castaña se limpia las lágrimas y asiente mientras intenta calmar su respiración. Todos la miramos con algo de lastima, en el fondo yo también quiero echarme a llorar.
— ¿Está mejorando? — pregunta Abel después de unos minutos de silencio. Sostiene un pedazo de pan bastante grande en una de sus manos. Lo parte en tres pedazos y nos extiende uno a Sal y a mi.
— Sus huesos comienzan a sanar — responde Sal mientras toma el pan, hago lo mismo. — . Limpie algunas de sus heridas, algunas se ven mejor, pero las más profundas aún están igual.
Mi corazón se tambalea y mis ojos se llenan de lágrimas.
Cuando Caleb dijo que daría su vida por la mía no mentía, lo demostró al hacer todo lo posible para detener al Alfa y ponerme a salvo. Cumplió su promesa, si, pero no quiero que vuelva a hacerlo. No quiero sentir esto de nuevo, solo quiero que el despierte y todo esto acabe.
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Desterrada.
FantasyHailey jamás imaginó que un accidente marcaría su destino. Declarada culpable por su propio Alfa y desterrada de la manada, ahora huye, perseguida por aquellos que una vez llamó familia. Sin refugio y marcada como traidora, su única esperanza yace e...
