tipos de personas.

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Javil terminó de limpiar y ordenar la cocina. Después de quitar la suciedad a la mesa y los fogones, no parecía una cocina tan antigua.

Crujió su cuello rígido y su cadera petó cuando se estiró, estos días tanto él como su ama habían estado ocupados.

Los piratas parecían querer vivir en la inmundicia o habían dejado el barco sucio como una broma de mal gusto, después de lavar un día entero, tenía toda la ropa doblada y había aprovechado el día tan soleado que hacía para limpiar las hamacas con manchas sospechosas.

Miro a su ama, sentada en su mesa cortando y separando ingredientes, una olla preparando la comida de las sirenas y el otro fogón ocupado para hervir la nueva poción que necesitaba vigilancia extrema, el muñeco de arcilla estaba sentado en el suelo esperando el momento idóneo para apagar el fuego, a veces corría a por más leña y otras tenía que tapar con ceniza el fuego para bajar la temperatura.

Ya llevaban un mes entero en el barco pirata, los demás piratas parecían menos ariscos y más abiertos a ellos, El Capitán parecía de alguna manera respetar el espacio de Canorus mientras se llevaba a Javil para enseñarle todo lo que se tenía que limpiar, coser y arreglar.

En la última carta que recibieron del gremio, Re'er le dio unas pequeñas palabras para que siguiera entrenando cada día, junto a esas pocas palabras había una larga rutina escrita, tenía miedo que los piratas se mofaran de sus movimientos torpes y Javil siempre encontraba una habitación vacía para practicar sus movimientos torpes.

A pesar de tener manos torpes, bárbaro parecía estar completamente adaptadas a tener alguna cosa entre sus dedos para remendar o arreglar. Se sentía ansioso si no dejaba la habitación impecable y tenía cierto sentido del orgullo cuando veía el trabajo que había logrado.

- Ama, vaya a dormir un rato, la despertaré cuando el muñeco me diga que la poción está lista. - Canorus pareció sorprendida, levantó la cabeza y lo miró con los ojos medio cerrados. La piel cerca de sus parpados parecía reseca e irritada, las ojeras de sus ojos se oscurecían cada día más. Las sirenas parecían estar mejorando, pero no había un solo minuto de descanso para Canorus que tenía que vigilarlas constantemente.

-Creo que tienes razón. - Canorus se levantó tambaleante del taburete, sus piernas frías y dormidas, Javil le sujetó en brazos hasta dejarla en la hamaca que había limpiado. Canorus suspiró mientras Javil le quitaba los zapatos y la arropaba con una manta. Sus pies fríos se rozaron el uno con el otro para generar calor.

-Duerma bien.-Canorus enterró su cabeza en la almohada y se durmió en unos segundos.

-Si le da un besito de buenas noches, creo que se alegrará. - Uluth apareció otra vez de la nada, mirando con sus ojos heterocromáticos y una sonrisa burlona. -O no, no lo he hecho, pero puedes probar.- Javil guardó los zapatos de Canorus bajo la hamaca y salió a terminar la comida de las sirenas.

Uluth le seguía desde cerca, hablando a mares de su esposa y lo parecidas que eran ella y Canorus.

- Una vez, cuando rescatamos a otro niño de ser vendido.- Uluth se sentó en su silla de la mesa, Javil se encargaba de sacarle todas las espinas al pescado y hervirlo, el muñeco de arcilla no parecía distraerse con sus dos invitados.

-Y cuando estaba enfadada y sabía que la había metido hasta el fondo, yo siempre venía con comida para apaciguar a la bestia.- la esposa de Uluth era un tema que siempre sacaba el capitán, el azul del mar era hermoso, como los ojos de su esposa, el sol dorado como su hermoso pelo, el viento era suave, como la piel de su esposa, las tormentas eran feroces, como su esposa cuando Uluth la hacía enfadar, hasta una gaviota dándole de comer a su polluelo le recodaba a su esposa amando a sus hijos, sus catorce hijos que habían ido recogiendo en sus aventuras por el mar.

CanorusDonde viven las historias. Descúbrelo ahora