Canorus salió de la habitación y buscó en la cocina, nada. La olla de pescado hervía lentamente y la muñeca de arcilla vigilaba la poción mientras balanceaba sus piernas como un niño. Canorus mojó su pañuelo y se limpió un poco la cara. Su malhumor aumentaba por momentos, necesitaba algún postre dulce para calmarse.
Escuchó ruido viniendo del techo, usó la cinta lavanda atada para buscar a Javil, extrañada miró cómo tiraba hacia la ruidosa cubierta, como si muchas personas bailaran, entre ellas el bárbaro. Esos malditos piratas, maldijo Canorus, estaban enseñándole cosas malas a Javil otra vez.
Subió las escaleras guiándose por su pequeña luz invocada. El leve dolor de su abdomen se intensificaba con cada paso que daba, frotó círculos con la mano intentando imbuir calor. Cuando abrió la puerta, el sol del mediodía la dejó totalmente ciega y los gritos emocionados resonaron en la parte que le dolía de la cabeza.
Cerró la puerta, hacía días que no notaba la brisa del mar ni el sol le tocaba la piel, si no fuera porque necesitaba con urgencia saber dónde estaba su bolso antes de que ocurriera una tragedia, podría pedirle a Javil que la acompañara para una siesta bajo la sombra escuchando el mar.
Cuando sus ojos dejaron de arder miro la cubierta, los piratas estaban haciendo un círculo rodeando a dos hombres luchando, el cuerpo del capitán Uluth sobresalía cuando parecía saltar encima de alguien, se sujetaba a una cuerda y daba vueltas como ese alquimista que se había vuelto loco y creía que vivía en la jungla con los monos, saltando de liana en liana.
Canorus espero que la persona a la que se enfrentara, no fuera la que se imaginara.
Intento hacerse un hueco entre los hombres que ni siquiera le daban una mirada antes de empujarla lejos, Canorus evito algunos codos estampados en sus costillas y algunas botas que querían pisar sus pies, el sudor y la roña de los piratas se había metido en su nariz y la multitud parecía un bosque denso y tupido de árboles altos y molestos.
Sus ojos quedaron abiertos cuando logró ver algo entre los cuerpos molestos de los piratas. Uluth aterrizó en la espalda del bárbaro mientras usaba sus brazos cruzados para ahogarlo. Los brazos del bárbaro parecían estar llenos de golpes, tenía un labio partido y de su nariz salía un río de sangre.
Uluth parecía un animal fuera de control, la nariz estaba torcida y tenía un ojo cerrado por la sangre que salía de su ceja sangrante.
-Bien, muy bien, cachorro, muéstrale qué más puedes hacer a este pirata.-Uluth gritaba fuera de sí, los demás piratas gritaron y golpearon el suelo con sus pies, uno de ellos pisó el pie de Canorus y el pirata que tenía a su otro lado le clavó el codo en la cintura.
Canorus sintió que toda su cordura y paciencia fluían con agua negra y rompían el baso que intentaba nunca desbordar, sacó su barita y levito a los dos hombres que la habían golpeado y pisado hacia el mar, cuando cayeron al mar con fuerza unas pequeñas gotas salpicaron y el agua ahogo sus gritos, los piratas que estaban cerca callaron y retrocedieron dos pasos lejos de ella.
Sin decir nada, Canorus volvió a sacar a esos dos hombres del agua y los estampó con fuerza en la madera del suelo de la cubierta, ambos respirando entrecortadamente sin atreverse a decir nada.
Canorus avanzó dos pasos hacia los dos hombres que seguían en su batalla personal, invocó una fuerte ráfaga de viento y los separó, el bárbaro inmediatamente cayó de rodillas al suelo mientras recuperaba su respiración.
-¿Qué crees que haces? Estábamos legando a la mejor parte.- Canorus desvió la mirada del bárbaro, el capitán se levantó y le gritó a Canorus, ella solo azotó la varita en sus manos, como si fuera una maestra estricta repartiendo los castigos.
- ¿Qué le estabas haciendo a Javil? ¿Dónde estaban tus manos? - Uluth calló sus quejas mientras Canorus no se movía un centímetro. -No puedo dejar escapar esto con una simple disculpa.- Canorus dio dos pasos hacia Uluth con la sangre llegándole a la cabeza demasiado rápido, el capitán sitio que debería haber retirado su espada y callado.
-No, solo... era un poco de ejercicio, ya sabes, cosas de muchachos.- Uluth rio nerviosamente mientras retrocedía lentamente. Canorus levantó su varita y el cuerpo del capitán cayó al suelo, presionado por una fuerza desconocida.
"-Huye en la tierra donde yo soy dios.-"
Canorus empezó el encanto, una esfera de cristal negra se formó en la punta de la varita, la pared completamente negra de la esfera se rompió y apareció un agujero, de dentro se escuchaban chirridos y el zumbido de muchas las de insectos, el cuerpo de Uluth se encogió y pareció ser succionado por el pequeño agujero, los piratas corrieron hacia el otro extremo cuando el mismo viento parecía querer succionarlos a ellos también, el pelo dorado de Canorus se removía con fuerza mientras parecía mantener toda su concentración en el encantamiento, el bárbaro miraba desde el suelo como su ama parecía poseída por la ira.
"Ruega para que vengas y perdone tu ofensa".
El encantamiento creó unas cadenas de hierro que rodearon la esfera y un candado de metal oxidado tapó el agujero que parecía hambriento. El viento cesó y el silencio reinó en la cubierta, Canorus tosió un poco y llenó sus pulmones de aire, andando lentamente hacia el bárbaro y tiró de su camisa.
-¿Dónde está el bolso?.- - El bárbaro no se atrevió a levantarse y explicó rápidamente que estaba escondido al lado de la hamaca donde él dormía.
Canorus desapareció una vez más, con la esfera de cristal flotando cerca de ella, el bárbaro miró a los piratas, los hombres parecían mirarlo a él de vuelta.
-¿Qué hacemos ahora?.- se preguntaron unos a otros, el bárbaro se levantó con las rodillas débiles y regresó a la cocina, Quizás su ama se calmaría si comía algún postre fresco y dulce, algo que le diera energía y calma.
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Canorus
FantasyDum sacri spiritus non dormiunt, mundus vivet. Mientras que los espíritus sagrados no duerman, el mundo vive. Canorus es obligada a comprar un esclavo. Javil es obligado a servir. Pero ninguno de los dos esta obligado a dejar de ser amable.
