Canorus miró las pequeñas piedras mágicas que tenía en sus dedos, pulió el polvo que quedaba después de tallar las pequeñas runas a mano y miró el reloj de la pared.
Ya habían pasado dos horas desde que el capitán se llevó a Javil, Canorus limpio la mesa donde había estado trabajando, estaba en la cocina, Uluth le había arreglado un pequeño rincón para dejar sus hierbas secarse y un fogón extra para poner su caldero con las nueces de Chiba cociéndose a fuego lento, el taburete era incómodo y demasiado bajo para ella la hacía encorvarse en una posición incómoda, su espalda crujió y su cadera parecía chirriar como una puerta vieja y oxidada.
Pero no esperaba un buen trato por parte de los piratas, parecían darle el trato mínimo y eso ya ea sorprendentemente cortes, solo las sirenas cabían en los corazones de los piratas.
Miro las hierbas de Zanna secándose cerca del fuego, debería haber traído algunos brotes de bambú para acelerar el proceso, pero su bolso mágico ya estaba lleno.
Se levantó del taburete y se tambaleó en el suelo, tenía las piernas dormidas y le temblaban las rodillas, tomo las piedras de cristal en sus manos y dejo una marioneta de arcilla encargado del fuego, cuando las nueces estuvieran hechas ya apagaría el fuego.
Ahora necesitaba dormir un poco o cometería algún error en la preparación de la medicina, cuando salió de la cocina los pasillos del barco estaban completamente silenciosos, la oscuridad parecía engullir el pasillo escondiendo alguna criatura marina polizón que la esperaba en la esquina, con su boca abierta y sus dientes puntiagudos preparados para comérsela.
No debería haber leído esa novela que Niels le regalo hace una semana, nunca había sido buena soportando las novelas de terror, creo una pequeña luz blanca en su palma y fue a buscar al bárbaro, aún debía estar trabajando en la habitación de al lado.
-Javil.- Canorus tocó la puerta, no había nada, Canorus volvió a tocar, pero no le respondió, abrió la puerta con cuidado, la habitación estaba iluminada por una sola vela que estaba a punto de terminar, el bárbaro estaba sentado en un taburete extremadamente pequeño y bajo para un cuerpo tan grande, recargando su cabeza en una montaña de ropa limpia, seca y ordenada, sus manos aún sujetaban una camisa sucia que estaba remojando en el balde de agua enjabonada que tenía entre sus piernas.
Con pasos cautelosos se acercó hasta que sus cuerpos estaban a pocos centímetros, se arrodilló sujetando la falda de su vestido y miró atentamente la cara dormida de Javil, sus abundantes pestañas hacían que la cara dura y hosca del gran bárbaro fuera más suave.
Miro con cuidado cada parte de piel del bárbaro, recordando con tristeza las heridas que habían existido antes, plagando cada rincón del cuerpo con dolor. Ahora no había nada más que el recuerdo, Canorus suspiró y se levantó.
Hizo flotar la luz por delante de ella iluminando el pasillo y levitó con suavidad el cuerpo del bárbaro hacia el dormitorio.
Cuando abrió la puerta algunos piratas estaban roncando con un pie fuera de la hamaca, algunos habían caído y seguían durmiendo.
Solo algunos se dieron la vuelta gruñendo e insultando la pequeña luz de Canorus, la maga aliso la hamaca del bárbaro y se aseguró de acomodarlo en ella con cuidado, su cuerpo grande no entraba al completo, las piernas colgaban cómicamente y Canorus callo la risa que se le escapaba.
Tapo al bárbaro y lanzo un encantamiento a sus oídos para que no se despertara por los ronquidos de los piratas.
-Ay el amor y la juventud, que cosa más hermosa.-Canorus se giró asustada, Uluth traía una lámpara de cristal en su mano mientras estaba apoyado en el marco de la puerta. -Me recuerdas a mi tierna esposa, esperando con una sonrisa hermosa y una sartén en su mano si no le traigo juguetes a nuestros niños.- Canorus aliso la falda de su vestido y le puso una sabana al bárbaro.
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Canorus
FantasyDum sacri spiritus non dormiunt, mundus vivet. Mientras que los espíritus sagrados no duerman, el mundo vive. Canorus es obligada a comprar un esclavo. Javil es obligado a servir. Pero ninguno de los dos esta obligado a dejar de ser amable.
