30. Liberación

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No había parado de darle vueltas a la discusión durante todo el camino hasta su casa. Pensó que el paseo le ayudaría a relajarse pero el hecho de que Juanjo y Martin no hubiesen parado de preguntarle acerca de la pelea solo alimentaba su rabia aún más. No fue hasta entrar en el piso que el peso de todas sus palabras recayeron sobre ella. Ya no sentía rabia, ni enfado, ni siquiera tristeza, no sentía nada. Un vacío enorme. Pero claro, ese vacío nada tenía que ver con el hecho de que su piso no estuviese tan lleno como de costumbre. Claro que echaba en falta la presencia de Chiara, estaba claro que no solo era el alma de ese piso, pero también parte de ella misma. Y es que así se sentía Ruslana, por mucho que lo intentara no podía imaginarse un vida sin Chiara. No sabría vivir una vida sin Chiara.

De repente notó cómo las piernas le empezaban a fallar por lo que apoyó su espalda contra la pared y se dejó deslizar hasta quedar sentada en el suelo. Martin y Juanjo se sorprendieron ante aquella imagen y se arrodillaron junto a ella. Pero no fue hasta ver cómo lágrimas comenzaban a brotar de los ojos de la pelirroja que se alarmaron realmente.

- Rus, no pasa nada, verás como todo se arregla, solo tienes que hablar con ella - dijo Martin sin saber muy bien qué hacer.

En sus largos años de amistad recordaba haber visto llorar a Ruslana dos veces. Una con 8 años cuando se murió su cobaya y otra cuando a Chiara le llegó la carta de aceptación de la ESMUC. Ambas veces Ruslana había demandado que nadie se acercara a ella y luego les había amenazado con no contarle a nadie lo que acababan de ver. Es por eso que Martin no sabía si darle su espacio o rodearla con sus brazos.

Tampoco necesitó pensárselo demasiado porque si la escena no era lo suficiente bizarra ya, Ruslana dejó escapar un sollozo y se apoyó contra su pecho mientras lo abrazaba con fuerza.

- No sé cómo vivir sin ella, Martin - dijo mientras no paraba de llorar - no puedo.

- No vas a tener que vivir sin ella, Rus, dale tiempo, verás cómo se arregla - volvió a repetir sus palabras mientras dejaba caricias sobre la espalda de la pelirroja.

Una escena totalmente distinta ocurría en el piso de la otra pelirroja, donde Chiara y ella, lejos de pensar en sus problemas, se refugiaban en la piel de la otra. Violeta se encontraba ahora acorralada bajo el cuerpo de la pelinegra mientras sus bocas parecían no querer separarse nunca. Cuando Chiara probó sus labios por primera vez le sorprendió la suavidad de estos, había intentado buscar la misma sensación en labios ajenos pero jamás se habían asemejado lo más mínimo a los de Violeta. Pero entonces pensó que también merecía probar cómo de suaves serían otras partes de su cuerpo. Es por ello, que hizo un esfuerzo y se separó de la boca de Violeta para atender su mandíbula, dejando un rastro de besos hasta llegar a su cuello.

- Deberíamos ir a mi habitación - aprovechó Violeta para hablar entre jadeos.

Chiara sonrió sin despegarse de la piel de su ¿amiga?. Cayó en la cuenta de que si bien ambas habían confesado lo que sentían no habían especificado nada más allá de ello. Céntrate Chiara, no es momento.

- Eso me haría perder mucho tiempo, y yo quiero aprovechar cada segundo contigo - respondió Chiara mientras sus manos se cuelan bajo su camiseta.

Violeta no puede evitar soltar un pequeño gemido cuando nota como Chiara deja un mordisco en su cuello mientras sus manos siguen avanzando hacia su pecho pero antes de que lleguen vuelve a insistir.

- Denna podría volver 

Entonces siente un frío recorrer todas las partes de su cuerpo que estaban en contacto con el de Chiara mientras esta se incorpora y queda sentada a horcajadas sobre sus piernas. Pero cuando piensa que al fin a conseguido su objetivo de convencer a la pelinegra esta la vuelve a sorprender llevando sus manos al borde de su propia camiseta y quitándosela de un solo movimiento aprovechando que no lleva nada debajo.

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