Cuando pisó por primera vez la universidad pensó que en algún momento andar sola por los pasillos se le haría menos complicado. Seis meses después seguía sintiéndose igual de desprotegida, intentaba caminar rápido hacia su destino sin levantar mucho la mirada del suelo solo cuando le parecía escuchar alguna voz conocida. Es por eso que en cuanto llegó a sus oídos la voz de Denna se alegró enormemente y fue a su encuentro con una sonrisa.
- ¡Denna! ¡Hola! – saludó Chiara efusivamente.
Esa sonrisa se borró instantáneamente en cuanto vio como la rubia siguió con su camino sin si quiera mirarla. Le extrañó bastante que Denna no le hubiese devuelto el saludo pues la había visto, pero no le dio demasiado tiempo a plantearse que habría pasado porque rápidamente llegó a la puerta de su clase donde vio a Bea.
- Oye Bea, ¿tú sabes qué le pasa a Denna? – le preguntó Chiara.
- ¿Pero tú te crees que aquí somos todos gilipollas o qué? – respondió Bea mientras entraba al aula dejando a la menorquina totalmente estática y confundida.
Chiara se frotó los ojos planteándose si sería un sueño pero todo parecía demasiado real, por eso en cuanto vio a Álvaro sentado en su sitio de siempre se dirigió hasta allí para ocupar el asiento de al lado. Su sorpresa vino cuando este empezó a recoger sus cosas y se levantó de la silla.
- ¿Qué haces? – preguntó Chiara.
- No te voy a echar a la fuerza así que me voy yo – dijo Álvaro sin apenas dirigirle la mirada.
- ¿Pero por qué te vas? – volvió a preguntar Chiara confundida por toda la situación.
- Qué fuerte me parece, Chiara, si al final Julia iba a tener razón y eres una mosquita muerta – dijo el chico mientras se alejaba.
En ese mismo momento Chiara vio aparecer a Violeta por la puerta. No le había dado tiempo a asimilar la situación, pero el alivio que sintió al ver como esta le saludaba sonriendo como si nada hubiera pasado le devolvió a la realidad. Vio como la cara de la pelirroja cambió por completo y sintió algo de miedo de que de repente lo que sea que le pasaba a los demás le estuviese pasando a ella en ese mismo instante. Entonces sintió algo recorrer su mejilla y se dio cuenta de que estaba llorando.
- Kiki, ¿qué pasa? – preguntó Violeta que había tardado menos de un segundo en llegar a su lado en cuanto había visto las lágrimas.
- No lo sé – respondió Chiara entre sollozos.
Violeta alzó la mirada y se encontró con las caras de desaprobación sus amigos mirando la escena desde lejos. Entonces supo exactamente lo que había pasado.
- Vamos, Kiki, vámonos de aquí - dijo Violeta recogiendo las cosas de Chiara a toda velocidad.
Ruslana había estado luchando toda la mañana en contra de sus pensamientos intrusivos y había ganado la batalla. ¿Pero a qué coste? Estaba a menos de un metro de la puerta de la facultad, pero no podía dejar de pensar en volver a su cama. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando nada más abrir la puerta se chocó con dos personas.
- Joder, qué hostia, esto es una señal, no tendría que haber salido de la cama - dijo mientras recogía su bolso del suelo y se ponía en pie - ¿Kiki? ¿Qué pasa?
Chiara se abrazó a Ruslana y empezó a hablar, pero ninguna de las chicas conseguía entender que decía.
- Vamos fuera – propuso Violeta abriendo la puerta de nuevo.
Las tres chicas caminaron en silencio buscando el lugar perfecto para sentarse y poder hablar tranquilamente. Finalmente consiguieron sentarse en un árbol algo más alejado de las demás personas que disfrutaban de la mañana soleada.
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Arde
RomanceChiara se muda a Madrid con sus dos mejores amigos para empezar la universidad. Allí conocerá a Violeta y juntas se darán cuenta de la conexión que hay entre ellas mientras todo arde a su alrededor.
