- Pero ¿a dónde vas? – preguntó Martin mirando a su amiga preocupado.
Ruslana no hizo caso a la pregunta y siguió su camino. Sus amigos la vieron adentrarse en su habitación y revolver los armarios para luego hacer lo mismo con los cajones del salón. Finalmente entró en la habitación de Martin. En cuanto la vieron salir todos se levantaron del sillón alarmados.
- Ruslana, deja el martillo – dijo Juanjo acercándose a la pelirroja
- ¿Qué cojones vas a hacer? – preguntó Martin mientras Ruslana se ponía su abrigo.
- Alguien tiene que partirle las piernas – dijo finalmente la ucraniana.
Normalmente nadie se tomaba en serio cuando Ruslana lanzaba una amenaza al aire, porque ahí solía quedarse. Pero esta vez su mirada era totalmente distinta, parecía decidida en lo que quería hacer.
En cuanto Violeta había terminado de contarles lo que había pasado en la cafetería de Lucas, la mente de Ruslana se había llenado de miles de escenarios ficticios, todos en los cuales acababa matando a Salma de alguna forma.
- Bueno, qué, ¿alguno sabe esconder un cuerpo? – dijo Juanjo uniéndose a la ucraniana.
- ¿Podéis parar? – preguntó Martin aún alarmado - ¿podemos hablar como personas normales sin amenazar con matar a alguien cada dos segundos? ¿de verdad me tengo que preocupar de que mi mejor amiga y mi novio acaben en la cárcel?
- Perdón, ya paro – dijo Juanjo alejándose de la puerta.
- Gracias – dijo Martin redirigiendo su mirada al salón donde aún se encontraban Chiara y Violeta.
En cualquier otra situación ni Ruslana ni Martin habrían abandonado su lado ni medio segundo. Pero, a decir verdad, desde que Violeta estaba en sus vidas no sentían esa necesidad. Por un lado, la pelirroja siempre estaba cuando Chiara más lo requería, sin necesidad de que nadie se lo comunicara, como si tuviera un radar para saber cuándo esta se encontraba mal. Por otro lado, Chiara sabía cuidarse sola, ya no la veían como una niña frágil que amenaza con romperse en cualquier momento.
- Vio, ¿le has contado esto a Denna? – pregunta la menorquina mientras Violeta se sienta a su lado.
- Aún no, ¿le digo que venga? – pregunta Violeta mientras pone una de sus manos sobre la pierna de Chiara y deja caricias en esta.
- ¿Siguen en clase? Podemos ir hacia allí – propone Chiara.
- ¿Segura? – pregunta Violeta antes de enviar un mensaje por el grupo.
- Chiara, creo que es mejor hablarlo mañana – dice Juanjo – lo digo más por mí y Rus que por ti, si vamos ahora no me responsabilizo de mis actos.
- Lo mismo digo – dice Ruslana acercándose al sillón – mejor nos tomamos el día para respirar un poco.
Todos se acomodan alrededor del salón y dejan pasar las horas mientras rellenan los silencios con películas a las que nadie presta atención. Violeta no sabe lo que el resto estará pensando, pero puede suponer que todos siguen dándole vueltas a la situación. Ella, en cambio, tiene otras cosas ocupando su mente.
A medida que ha ido pasando la tarde, todos sus amigos han hecho un trabajo de tetris impecable para caber en un sofá que no debería tener plazas para todos ellos. Ante esto, Violeta no ha tenido más opción que convertir el espacio de Chiara en el suyo propio, no ha querido darle demasiadas vueltas, al fin y al cabo, a estas alturas han compartido más que una simple plaza en un sofá.
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Arde
RomansaChiara se muda a Madrid con sus dos mejores amigos para empezar la universidad. Allí conocerá a Violeta y juntas se darán cuenta de la conexión que hay entre ellas mientras todo arde a su alrededor.
