Capitulo 84

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POV Malú

Estar abrazada a Vanesa me daba toda la seguridad del mundo. Caminamos aún abrazadas y nos sentamos en el suelo apoyando la espalda en el lateral de la cama.

Amor, por fin tu lucha con Gonzalo se acabó -dijo acariciándome la cara-. Estoy segura de que en unos minutos Romero entrará por esa puerta para decirnos que la pesadilla se acabó.

Ojalá -le dije mirándola con cariño.

Vanesa acercó su cara lentamente y dejó un tierno beso en mis labios. Cuando se disponía a separarse de mí, agarré su nuca e hice fuerza para impedírselo. Profundicé ese beso, sintiendo al instante su lengua acariciando la mía.

Unos gritos fuera de la casa nos sobresaltaron, así que corrimos a asomarnos para ver qué estaba pasando.

¡Gonzalo, suelta el arma! -gritaba Romero-. No tienes escapatoria, tenemos toda la casa rodeada.

Mi cuerpo estaba totalmente tenso debido a la situación. Vanesa debió notarlo, porque me agarró de la cintura y me atrajo más hacia ella. De repente, unos golpes se escucharon en la puerta del cuarto. Nos miramos extrañadas, ya que Romero seguía en la parte trasera, intentando convencer a Gonzalo de que se rindiera.

¿Quién es? -preguntó Vanesa sin moverse del sitio, pero no obtuvo respuesta-. Quédate aquí -me dijo en bajito.

Vanesa empezó a caminar lentamente hasta llegar a la puerta. Luego apoyó su cabeza en ella para intentar escuchar si había alguien fuera y de repente, ¡PUM! La puerta cayó encima de Vanesa, tirándola al suelo. Acto seguido, entró el malparido que Romero había atado en el pasillo. Debió haberse soltado de alguna manera.

Tanto fue el shock en el que me encontraba que no me dio tiempo a reaccionar y cuando me quise dar cuenta, ya me tenía sobre su hombro y caminábamos hacia la salida. Por fin reaccioné cuando vi a mi novia inconsciente debajo de aquella puerta.

¡VANESA! -grité con fuerza mientras intentaba zafarme de aquel sinvergüenza.

Mis esfuerzos fueron en vano. Seguía en el hombro de aquel tipejo cuando llegamos al jardín, en donde se encontraban Gonzalo, Romero y los demás agentes de policía que se habían sumado hace unos minutos.

Perfecto, ya llegó nuestra invitada de honor -dijo Gonzalo irónicamente.

El tipo que me tenía agarrada me puso de pie al lado de Gonzalo y luego salió corriendo. Gonzalo no tardó nada en agarrarme por el cuello, cubrirse con mi cuerpo y ponerme la pistola en la cabeza.

O me dejáis salir de aquí o me la llevo por delante, vosotros veréis.

Romero paseó sus ojos entre Gonzalo y yo durante unos segundos, para luego dar la orden de que lo dejaran pasar. No le quedaba otra opción, ya que no podía poner en peligro la vida de un civil. Cuando pasamos por su lado, me miró fijamente.

No voy a dejar que te pase nada -dijo con sinceridad.

Lo sé -le dije sonriendo justo antes de que Gonzalo me metiera en la camioneta de sus matones.

Puso el coche en marcha y sin perder tiempo aceleró por aquella carretera hasta que salimos del terreno de su propiedad y ya no podíamos ver ninguno de los coches policiales.

Ahora nos toca inventarnos una nueva vida, bebé -me dijo sonriente.

Ya te he dicho mil veces que no me llames bebé, Gonzalo -le contesté enfadada-. ¿Qué crees que va a pasar ahora? ¿Que me voy a olvidar de todo lo que me has hecho? Te recuerdo que no solo amenazaste con matar a mi novia, sino que si estoy aquí en estos momentos no es por voluntad propia.

No vi que te resistieras mucho a venir conmigo.

¡ME ESTABAS APUNTANDO A LA CABEZA CON UNA PUTA PISTOLA, GONZALO!

HEY, sabes que nunca te haría daño, Malú... yo te quiero -dijo nervioso.

Pues tienes una forma bastante rara de demostrarlo -le bufé.

Estás consiguiendo que me enfade, Malú, y sabes que eso nunca termina bien...

¿Me vas a pegar? ¿Eh? ¡PUES HAZLO! Pero te advierto que ya no soy la misma chica indefensa. Cada golpe que me des, te aseguro que te lo devuelvo, malnacido.

¡YA BASTA! -dijo lanzando su puño derecho contra mi cara.

El golpe fue tan fuerte que hizo que mi cabeza chocara contra la puerta del coche. Tardé unos segundos en recomponerme y luego me abalancé sobre él y comencé a pegarle por donde podía.

Estúpida, vas a conseguir matarnos a los dos -decía mientras intentaba estabilizar el volante del coche.

Prefiero morirme a tener que pasar un minuto más contigo.

En ese momento, uno de mis puños alcanzó su cara. Le pegué haciéndolo perder por completo el agarre del volante. El auto se descontroló y se fue hacia un lado. Intenté estabilizarlo, pero antes de que pudiera agarrar el volante, un golpe fuerte me hizo estamparme contra el cristal delantero del coche.

Fin del capítulooo  ¿Qué os ha parecido? Los leo en los comentarios... No olvidéis dejar una estrellita que eso me ayuda muchísimo 

Enganchada a ti  (ADAPTACIÓN)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora