Mirando el obsequio que le habían traído, no supo realmente qué pensar. A esas alturas, ya se había vuelto algo insensible a los cadáveres y a la forma tan extrema de ver la vida del mundo antiguo. Ahora, frente a esa cabeza, lo primero que se preguntó fue: «¿Por qué no huele?». "Una pregunta estúpida", que le hizo reírse de sí mismo. La cabeza no despedía el nauseabundo olor esperado, estaba limpia y adornada con algunas piedras raras en una pintoresca caja tallada.
—Es un regalo interesante —le dijo al emisario—. Pero, ¿qué se supone que haga con esto?
—Solo queremos demostrar nuestra sinceridad, de que no somos hostiles al hijo del sol —respondió con elocuencia—. Este necio usurpó las funciones de nuestro anciano jefe y causó muchos problemas. Nuestro amado y bondadoso curaca tuvo que levantarse de su lecho de muerte para ponerle fin a los desmanes de su hijo, aunque su corazón se ha roto. Él solo busca hacer lo que se debe. —Se golpeó el pecho de manera teatral.
Ninan Cuyuchi pensó que este tipo, sin duda, sería un gran político en la modernidad. Supuso que por eso lo enviaron. Básicamente, le echaron toda la culpa de asesinar a sus emisarios y amenazar con una guerra al pobre desgraciado cuya cabeza estaba en su mesa. Una salida astuta, sin duda, pero conveniente para todos.
—Comprendo. Siempre aparecen buitres, incluso en las mejores familias. Comparto el dolor de tu anciano curaca. —Palabras hipócritas dichas con inusitada seriedad.
—Mi pobre señor solo espera que se resuelvan todos los malentendidos. Pomacochas desea solo amistad con el hijo del sol —volvió a hacer otra reverencia. ¿Cuántas había hecho ya?
—Y yo estoy complacido de tal deseo —le sonrió Ninan Cuyuchi.
El emisario parloteó con ganas durante un rato, hasta que al fin se retiró con una sonrisa después de haber logrado su cometido. Tampoco le complicó mucho; así era más fácil. La alternativa de inclusión pacífica inca era también una medida bastante aceptada.
Quedándose a solas de nuevo, con la cabeza de la que nadie acordó llevarse, la miró con curiosidad.
—Y bien, buen amigo, ¿eras tú quien gobernaba cuando llegó Huáscar? —murmuró, como si esperara una respuesta. Recordó cómo 3000 enviados de Huáscar fueron masacrados en un banquete en la otra línea de tiempo, durante la conquista de Pomacochas.
Esta vez también hubo un banquete, uno preparado por sus anfitriones. Las mesas repletas de frutas de colores vibrantes, platos de carne asada con especias aromáticas y bebidas fermentadas estimulaban el hambre. Ninan Cuyuchi asistió con su séquito y un gran número de guardianes. Su ejército acampaba a las puertas de la ciudadela, así que no creía que planearan algo malo, pero nunca se sabía. Sin embargo, "la fortuna favorece al valiente", decía Julio César, así que asistió de todas formas.
Lo recibió un anciano tembloroso, sujeto a su bastón. Su débil figura podría ser derribada por el viento en cualquier momento, pero sus ojos eran como los de una serpiente: mortíferos y letales.
—Seas bienvenido, Auqui —toseó el anciano—. Pomacochas te recibe con amistad.
—Y amistad te ofrezco yo también —respondió con cortesía—. Escuché que estabas muy enfermo. Me acompaña el gran curandero Chuquimis; le diré que te trate.
—Tu benevolencia es grande, gran Auqui, pero no es necesario —negó. Se conocía bien; ya era tarde para cualquier medida—. Por favor, ponte cómodo. Espero que sean de tu agrado nuestros preparativos.
El anciano, tambaleante, lo condujo a una estancia en el banquete preparada especialmente para él. Solo lo acompañaron unos cuantos orejones de su guardia a dicho lugar.
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Imperio Inca un nuevo amanecer
Historical FictionUn joven amante de la historia, tras un trágico accidente, despierta en el antiguo Tawantinsuyo como un alto miembro de la nobleza incaica, pocos años antes de la caída del imperio. Mientras se adapta a su nueva vida, se enfrenta a la posibilidad de...
