La Gran Competencia

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No ocurrieron muchos eventos relevantes hasta la llegada de la próxima luna. Cada uno de los jefes regresó a sus comunidades, donde los días transcurrieron lentamente mientras seleccionaban a los mejores guerreros para la competencia. Para asegurar su triunfo, algunos formaron alianzas con vecinos de su misma etnia, buscando apoyo con sus guerreros más ágiles y capaces. Argumentaban los beneficios de tener a uno de los suyos como gobernador de la región, además del orgullo de demostrar su superioridad. Dado que no podían oponerse al poder del imperio, era mejor unirse a la corriente. Esto era exactamente lo que Ninan Cuyuchi había anticipado y deseado: una movilización masiva que involucrara a todas las poblaciones cercanas.

Sin embargo, no todos aceptaron estas alianzas. Las fisuras y rivalidades, incluso dentro de la misma cultura, no eran fáciles de reparar. Aun así, la mayoría se integró a la dinámica. Pronto, toda la región se enteró de la inusual competencia, y las acaloradas discusiones surgieron en cada pueblo. Todos apoyaban fervientemente a sus campeones, convencidos de que serían ellos quienes prevalecerían.

Al fin el gran día llegó. Ninan Cuyuchi, transportado en su dorada litera y rodeado de sus Hanan Cusqui y su comitiva, se dirigió al lugar designado. Quedó satisfecho al ver que sus constructores habían seguido casi al pie de la letra sus instrucciones, e incluso se habían superado en algunos aspectos.

El lugar elegido para la competencia estaba apartado del campamento. Los Ñawi Pununa habían encontrado un terreno con una geografía accidentada y obstáculos naturales, perfecto para las pruebas. En una alta loma, se construyó una suntuosa tribuna para el príncipe y su comitiva, con espacio suficiente para albergar a miles de espectadores. Aunque no se esperaba una multitud tan grande, era seguro que muchos asistirían.

Los obstáculos habían sido levantados meticulosamente bajo la dirección del equipo de construcción. Se limpió parte del terreno, se construyeron paredes de tierra y piedra, se levantaron torretas, se tensaron sogas y redes, e incluso se excavó una laguna para las pruebas acuáticas. Los habitantes de la región eran expertos en el agua, por lo que era necesario incluir algo acorde a sus habilidades.

Los premios también fueron seleccionados y exhibidos de manera visible. El ganador recibiría la mismísima capa que usaba Ninan Cuyuchi, un símbolo de gran honor, además de prendas finas, armas ornamentadas y una lanza ceremonial que se convertiría en el símbolo del gobernador. Todos los jefes participantes y sus guerreros también recibirían honores y regalos al término de la competencia.

Siguiendo el antiguo precepto de "pan y circo", Ninan Cuyuchi transformó el ambiente en un festival. Había corrido la voz de que cualquiera podía asistir, aunque las armas estaban prohibidas. No había peligro aparente; sus espías no habían detectado movimientos sospechosos de los chachapoyas en semanas. Todo parecía seguro.

La competencia duraría varios días, por lo que se prepararon cinco amplias dependencias para alojar a cada jefe y su séquito. También se solicitó a las aldeas que proporcionaran mujeres para preparar chicha y otros alimentos durante el evento, con recursos proporcionados por el campamento. Se les aseguró su seguridad y protección.

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