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—Estoy embarazada.—confesó Nari finalmente, con la voz quebrada al ver las tenues lágrimas que resbalaban de los ojos de Jackson—. No quiero tener éste bebé.

Debería haberlo sabido. Debería haberlo visto venir, debería haber anticipado las siguientes palabras que saldrían de su boca tras anunciar su embarazo.

Sin embargo, la confesión, por firme que sonara, le desgarraba el pecho a Nari. Y el silencio que siguió fue ensordecedor. La mirada de él se posó en su estómago y luego volvió a su rostro, buscando algo de comprensión, esperanza o tal vez una forma de convencerla de lo contrario. También parecía estar luchando con la intensa contradicción de sus emociones: si celebrar el embarazo o si horrorizarse.

Por eso Jackson respiró temblorosamente mientras extendía la mano.

—Nari.—empezó, acercándose a ella—. No digas eso. Podemos... Podemos resolver esto. Juntos. Por favor.

Todo el cuerpo de Nari temblaba ante la ironía de terminar con su propia vida justo cuando anunciaba el comienzo de otra. Pero en ese momento, se sentía bien. Que saltar al vasto espacio más allá de ella era la mejor opción: para él, para Minhyuck, para el bebé y para ella.

Pero ver al padre de sus hijos al borde del colapso le hacía tambalear la determinación. Toda la culpa, la vergüenza. Lo sintió todo a la vez.

Las manos de Jackson la apretaron en cuanto pudo alcanzarla. Y antes de que Nari se diera cuenta, él ya la estaba jalando hacia abajo, cayendo directamente sobre él mientras la abrazaba perfectamente. Como si siempre hubiera estado ahí.

—Nari, por favor...—susurró, ahuecando sus mejillas con las manos, sus ojos estaban llenos de desesperación—. Te tengo. No hagas esto. No abortes éste bebé. No te rindas con nosotros.

—No puedo.—dijo ella con voz ahogada, negando con la cabeza—. No puedo traer a un bebé a éste lío. ¿Qué clase de vida podría darle? ¿Qué clase de vida podríamos darle? Ni siquiera merezco vivir.

—No lo entiendes, Nari. Tenerte aquí conmigo ahora mismo ya es la mayor bendición de mi vida.—dijo rápidamente, abrazándola aún más fuerte, como si temiera que Nari se alejara aún más—. Te prometo que haré lo que sea necesario. Estaré ahí en cada paso del camino. Seré... Seré un buen padre. Sé que he cometido errores, Nari. Te he hecho daño y nunca me lo perdonaré. Pero esto... Esto es algo que puedo hacer bien. Déjame demostrártelo.

Nari apartó la mirada, sollozando en silencio.

No... Es demasiado tarde.

Ya lo había oído hablar de esas mismas promesas antes, y solo una tonta se permitiría creerlas dos veces.

—Nari, mírame.—suplicó—. Por favor, solo mírame. Te amo. Amo a éste bebé. Y no voy a dejar que pases por esto sola. No me importa lo difícil que se ponga, aquí estaré. Me quedaré. Seré el hombre que necesitas que sea. Y el hombre que siempre debí haber sido.

Sus palabras la impactaron como un maremoto, sin permitirle respirar ni gritar su nombre. Quedó atrapada bajo el agua, luchando contra la poderosa corriente de emociones. Una y otra vez, y solo Jackson Wang era capaz de hacerla sentir así.

—Por todo eso, te lo prometo, Nari.—susurró—. Seré mejor. Lo haré por ti, por Minhyuck y por éste bebé todos los días. Solo... No tomes ésta decisión ahora. Así no.

La vulnerabilidad en sus ojos y la crudeza de su súplica le hicieron doler el corazón. Por primera vez en lo que pareció una eternidad, Nari vió al Jackson que una vez amó: el hombre que habría movido montañas por la mujer que había jurado amar. El hombre que hizo todo lo posible solo para traer felicidad a la mujer que adoraba.

MARRIAGE STORYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora