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‘Tú te imagina' Chica, tú y yo Chingando en la BM en el asiento de atrás’.
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CATALINA.
Las reuniones familiares reglamentarias cada tres meses eran, en mi opinión, los peores días del año.
El momento incómodo que conlleva las sonrisas forzadas, las preguntas para actualizar a cada integrante acerca de nuestra vida, que venían disfrazadas con un comentario pasivo-agresivo de por medio; el ruido de los utensilios sobre la comida cuando todas las voces se apagaban, ya cansadas de emitir palabras vacías y conversaciones banales.
Cuando los platos se encontraban a la mitad o casi despejados era el momento de escapar, despidiéndonos con ganas y prometiendo millones de visitas que no se iban a concretar jamás. Todos los encuentros tenían la misma rutina, aburrida, falsa, pero que eran una costumbre que persistía para perseverar los pocos lazos parentales.
Para mi mala suerte, justo ese año, mis papás decidieron darle una vuelta de rosca a la situación. Con una sonrisa genuina y particularmente extraña en sus rostros, anunciaron que mantendrán su estadía en el lluvioso Londres una semana más de lo acordado. Y, con una reserva en el hotel ya expirada, dos valijas cargadas de ropa y perplejidad extrema, los hospedé en mi departamento luego de la gran noticia.
El par de tíos que optó por el alquiler de otro lugar se ganó mi eterno cariño, sobre todo por el regalo que trajeron, el cuál medía un metro setenta, hablaba hasta por los codos y había tenido la dicha de ser mi prima.
Extendió su visita exclusivamente para darme apoyo y paciencia para digerir la sorpresa tan alegre que tuve que escuchar. A su vez, llegó con la esperanza de lograr lo imposible; enseñarme a manejar. No era un misterio que eso no formaba parte de mis habilidades natas. Para mí, ni siquiera contaba como una probabilidad. Sin embargo, gracias a su terrible irritabilidad para convencer, logró hacerme prometer que ese mismo viernes íbamos a empezar con las prácticas. Dios quite a cualquier ser vivo de mi camino.
Tanto contacto y poco común tiempo de calidad con mi familia logró distraerme de que, ese mismo día, saldría a la luz la nueva entrevista de Valentina en el canal de podcast, anterior a la que tenía pactada con el canal LAM, la cuál estaba programada el martes siguiente a la audiencia sistematizada por el divorcio.
Leonardo me advirtió sobre las posibles respuestas e intenciones de la madre. Sin embargo, confiaba en el poder de persuasión de Enzo, segura que solo hablaría de lo correcto dentro de los términos que establecimos. Asimismo sugerí que no desestimen la voluntad de ella, porque creía que, a pesar de el quilombo que la enredaba, lo último que desearía es lastimar a su familia.