Las personas comunes del pueblo empezaron a correr, buscando salvarse. Los soldados empuñaron con fuerza sus armas, intentando armarse de valor y mantenerse firmes. Ninguno de ellos creía que el temido monstruo fuese real, pensaban que era un mito que la iglesia usaba para asustar a las personas y mantener a los pueblos bajo control.
Pero el monstruo estaba ahí, y tenían que hacerle frente.
Lo que solía ser el archidiácono de Targoviste, ahora era una pila de huesos negros irreconocibles y ropas costosas que todavía ardían tenuemente. El viento sopló entre las ruinas de la tarima, llevando consigo el olor a carne quemada y ceniza.
Los aldeanos, que antes rugían con ira e indignación, ahora estaban temblorosos, apenas capaces de sostener las antorchas y los palos entre los dedos, sus rostros llenos de terror y asombro. La mayoría corrió despavorida, buscando donde esconderse, pero otros cayeron de rodillas, paralizados del miedo.
Y entonces, del bosque emergieron cientos de murciélagos, volando desparramados, confundiéndose con el cielo oscuro. Se agruparon en un torbellino y entre ellos, Lilia tomó forma, sus ojos chispeando con una inquietud inusual en él. Su usual arrogancia se había esfumado, reemplazada por urgencia. Se movió entre las casas, los humanos y el fuego con rapidez, ignorando los gritos y los escombros.
Cuando se acercó al poste en el que Yuu seguía atado, los guardias no se atrevieron a detenerlo, cayendo al suelo o haciéndose a un lado. Sin pensarlo, Lilia subió a la tarima, sin que los restos recalcitrantes ni las miradas aterradas lo distrajeran.
—¿Qué fue lo que te dije? Te dije que te quedases en la biblioteca —Fue lo primero que dijo al acercase con prisa. Se arrodilló junto a Yuu, y con impaciencia, deshizo los nudos uno a uno. Las manos le temblaban con ansias, con adrenalina—. Estoy muy mayor para estas cosas, ¿lo sabes? No está bien hacer a un anciano pasar por estas cosas.
Cuando las cuerdas cedieron, Lilia lo sostuvo, pues sus piernas le fallaron. La piel de Yuu estaba enrojecida por las ataduras, su respiración era rápida, y todavía estaba procesando que seguía con vida.
Lilia lo abrazó con fuerza, sintiendo como temblaba. Dejó escapar un suspiro tembloroso cuando lo sintió con vida entre sus brazos. Por fin, ambos sintieron que respiraban de nuevo.
—Gracias a la noche estás bien... Pensé que no llegaría a tiempo —Susurró aliviado. Lo apretó entre brazos, intentando calmar el corazón de Yuu y el suyo propio—. Jamás vuelvas a hacer algo así. Jamás.
Yuu se dejó caer en los brazos de Lilia, completamente agotado. Sin darse cuenta, empezó a llorar, habiendo sentido su muerte tan cercana. Ni su mente, ni su cuerpo podían más.
Apoyó su cabeza en el hombro de Lilia, y por un segundo, se sintió en paz. Respiró hondo, disfrutando por un instante de la calidez, de sentirse a salvo de nuevo, pero giró la cabeza, y lo vio.
El cuerpo de Deuce yacía en el suelo, inmóvil sobre la tierra mojada. La sangre que brotaba de su pecho se mezclaba con el agua de la lluvia, dibujando pequeños ríos rojizos sobre la tierra.
Su corazón se escondió en lo más profundo de su pecho.
Se soltó de Lilia de un tirón, y se tambaleó hasta llegar donde estaba Deuce. Cayó de rodillas junto a él, sintiendo que nada de lo que estaba pasando era real, que el mundo estaba acabándose.
Con manos temblorosas, acarició el rostro de Deuce, apartando la tierra y el cabello empapado pegado a su piel.
—No... No, no, no... —Murmuró, empezando a llorar. La tormenta seguía rugiendo sobre sus cabezas, pero nada de eso importaba ahora—. Por favor... No te vayas... —Rogó, apoyando su frente contra la de Deuce, sintiendo la piel fría contra la suya.
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𝘽𝙡𝙤𝙤𝙙𝙮 𝙏𝙚𝙖𝙧𝙨
Fanfiction¿Qué es un hombre? No más que una miserable pila de secretos. 𝘈𝘜 𝘛𝘸𝘪𝘴𝘵𝘦𝘥 𝘞𝘰𝘯𝘥𝘦𝘳𝘭𝘢𝘯𝘥 𝘉𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘊𝘢𝘴𝘵𝘭𝘦𝘷𝘢𝘯𝘪𝘢 𝘠𝘶𝘶 𝘦𝘴 𝘶𝘯 𝘤𝘩𝘪𝘤𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢. 𝘈𝘊𝘓𝘈𝘙𝘈𝘛𝘖𝘙𝘐𝘈: 𝘕𝘪 𝘭𝘰𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘴�...
